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Junior ganó con autoridad y nadie le quita la ilusión de clasificar

Junior no pelea para complicarle la existencia a la Universidad Católica ni a sus rivales. Pelea porque está dispuesto a vender muy cara su ¿eliminación? De la Copa Santander Libertadores. Pelea porque seguirá haciéndolo mientras tenga una llamita de esperanza. Y pelea por su honor. Así, con espíritu pero con algunos argumentos futbolísticos, derrotó en Barranquilla a los Cruzados, se rehusa a decirle adiós a la Copa y sigue con vida en el Grupo 3.

Así las cosas, Unión Española y Bolívar (ambos con cuatro partidos jugados) lideran la tabla de posiciones con 7 puntos (+3 y 0 de diferencia de gol, respectivamente), mientras que Universidad Católica suma 5 unidades (-2), y Junior, 4 (-1). Estos dos últimos han disputado cinco encuentros.

¿Qué deberá pasar para que Junior llegue con chances al menos hasta la última jornada de la Copa? Por lo pronto, que Bolívar derrote a Unión Española este martes en Chile.

En el caso de que eso suceda, luego, en la jornada final, deberá esperar otro resultado que lo favorezca. Primeramente, tendrá que vencer como local a Unión Española y quedar con mejor diferencia de gol que su derrotado (esto dependerá de por cuántos goles pierda Unión ante Bolívar, en caso de que eso ocurra). Si los colombianos no ganan su partido, ya no habrá cuentas que hacer y quedará eliminado.

Si Junior se impone el partido que viene, para completar la faena necesita que Católica no le gane a los bolivianos en La Paz. Como a partir del 3-0 de esta noche, los colombianos quedaron con mejor diferencia que los Cruzados, un empate de entre Bolívar y la UC le bastará para meterse en los octavos de final en forma heroica. ¿Difícil? Sí. ¿Imposible? Por supuesto que no.

Pero antes de todas estas suposiciones matemáticas hubo un partido. Un choque que no inició de la mejor manera para ninguno y que en el pico más alto de emoción, no hubo tiempo para más y terminó el primer tiempo. Fue un primer tiempo chato, por cierto. Con buenas intenciones por ambos dandos, pero sin la capacidad para usufructuar terreno y posesión como para transformar las insinuaciones en intentos de seriedad.

La visita fue más en el comienzo. Con la movilidad y la generación de espacios de Francisco Pizarro, Nicolás Trecco y Roberto Ovelar, los Cruzados amenazaron con provocarle dolores de cabeza a la defensa colombiana. Pero la búsqueda quedó mayoritariamente en eso, en amenazas que no pasaron a mayores.

En el arco de Cristopher Toselli no ocurría mucho más. Los atacantes locales estaban muy aislados y sus intermitentes ocasiones se diluían con facilidad. Apenas algunos destellos de Sherman Cáceres y la voluntad de Víctor Cuesta ayudaban a que el local pisara el área de cuando en cuando.

Con ese panorama, el partido entró en una meseta. Perdió volumen y careció de atractivos. La llegada del entretiempo invitaba a esperar un segundo tiempo mejor. Pero en eso, cualquier la primera mitad se iba, Cáceres armó una buena jugada por la derecha, tocó al centro para darle sentido a la proyección de Iván Vélez y el lateral definió ante la salida de Toselli. Gol, festejo, saque del medio y final de la etapa.

Mario Lepe buscó crédito en el banco. Antes de l0s 20 minutos del complemento, mandó a la cancha a Daud Gazale, Matías Mier y Luis Páez. Acumuló hombres en ataque para obligar a Junior a defender con más jugadores y hacer retroceder a su equipo. La respuesta de Hernández Sarmiento fue la búsqueda del equilibrio. Sacó a Juan Nuñez, Cortés y Cárdenas para armar una formación más combativa, resignando oportunidades ofensivas.

En este juego de modificaciones agotadas sucedió lo más probable. Junior terminó replegándose atrás, juntando a sus volantes cerca de sus defensores y armando una barrera de contención, esperando liquidar en algún contragolpe.

Pero claro, la apuesta de Católica también era la de la manta corta. Volcado en ataque, se desprotegió en el fondo. Empezó a mostrar indicios cuando Junior lo complicó en cada contra. Y esas falencias quedaron al descubierto en los cinco minutos finales.

A los 41, Vélez –la figura de la cancha- desbordó por la derecha y le envió un preciso centro a Luis Páez, que controló en el área y cayéndose, colocó la pelota contra el palo izquierdo de Toselli. Ese golpe, a esa altura definitivo, tuvo su eco tres minutos después. Porque Vladimir Hernández quedó mano a mano con su marcador en el área, frenó, protegió la pelota y luego de un giro definió con sutileza por debajo del cuerpo del arquero. No hubo tiempo para más. En una ráfaga, Junior se llevó más de lo que llegó a esperar. Ahora, deberá esperar un guiño del Bolívar.
 

 

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Los puntos de vista y opiniones expresadas en este post son solamente las del autor y no representan necesariamente las de Pasión Fútbol.

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