Desde la tribuna goleamos todos: Cruz Azul debutó en casa en la Libertadores

Por: Alberto Gutiérrez L
Es evidente que algo nació en nosotros después de aquel verano de 2001. Quizás suene a cliché cruzazulino desde entonces, pero la Copa Libertadores es especial para todos los aficionados de este equipo. Vi joven a ese equipo que dejó a la Boca en silencio como pocos, pero el recuerdo sigue fresco.
 
Para la siguiente Libertadores que disputó Cruz Azul, el equipo vivía momentos difíciles. Una transición inusitada, quizás forzada, partió a ese Cruz Azul en dos equipos distintos durante una misma copa. Primero con refuerzos extranjeros y una dirección técnica que jamás estuvo a la altura de este equipo. Después, con Meza y un equipo armado esencialmente de nuestros canteranos, logramos acceder nuevamente a una ronda de eliminación directa de Libertadores.
 
Primero Deportivo Cali, equipo al que derrotamos sin marcar en tiempo regular. Después llegó el poderoso Santos de Diego, Robinho, Alex, Elano y otras figuras que hoy brillan o brillaron en Europa.
 
El Azteca sirvió en aquellos cuartos de final, igual que dos años antes, como nuestra casa para la fase final de la copa. De nuevo un lleno, de nuevo la ilusión, pero no pudo ser.
 
Tuvieron que pasar casi 9 años para que nuestro Estadio Azul viera un partido de copa nuevamente. Los datos muestran que la ida contra Santos fue el último partido de local que Cruz Azul disputó en Copa Libertadores, pero si apelamos a lo estricto, nuestra casa, el Azul, había recibido por última vez un partido continental el 13 de mayo de 2003, en aquel 0-0 que dejó poco definido y una tarea difícil para hacer en Colombia.
 
Hoy somos otros. Mucho ha pasado en 9 años y estamos cada vez más hambrientos de victoria mientras pasan los años.
Esa emoción se sentía, parecía un partido de liguilla antes del partido, la gente lucía feliz, ansiosa. Los precios eran más bajos que los de liga pero era obvio que la gente no iba por eso, había una razón más poderosa: esa copa que nos mueve la nostalgia, esa emoción de ver al equipo entre semana mostrándose a nivel internacional es lo atractivo.
 
Fuimos testigos, sin exagerar, de uno de los mejores recibimientos al equipo de toda la historia. Al margen de los llenos impactantes del Azteca durante tres partidos consecutivos en 2001 (algo que nadie ha hecho en la historia del futbol mexicano), lo que sucedió anoche en la tribuna fue especial. Aunque suene cursi, el comportamiento del público durante toda la noche salió del corazón. Antes de la goleada, la fiesta en el Azul ya estaba armada.
 
La primera sorpresa agradable: El color de la tribuna. Las plateas estaban prácticamente completas, la sección general presentó buena entrada. En la zona de la barra, la tribuna norte, lucían los tirantes azul-blanco-azul. Eran 7 que se cruzaban como en una cuadrícula. La afición de la cabecera local seguía entrando, pero faltaba más, mucho más.
 
Ingresó el equipo y esperé el mosaico, pero lo que hubo en su lugar me hizo sentir un escalofrío que hace tiempo no sentía en el futbol. La afición gritaba, cantaba cada vez más fuerte. Decenas de cintas de papel volaron por el aire y quedaron atrapadas en el enrejado que no fue retirado. Al mismo tiempo, tres columnas de humo se levantaban imponentes con nuestros colores. Un ambiente que en México no se ve. La tribuna cumplía y le mostraba a todos lo “frío” que es ese estadio, como muchos necios intentan hacer ver.
 
Comenzó el partido contra un Táchira que ya sentía el ahogo de la altura desde que subió las escaleras que van de los vestidores a la cancha.
 
Aquino era indescifrable para dos marcadores por la banda derecha. Un tímido Vela encontró oportunidades, en especial una que estrelló en el poste. El primer tiempo terminó y Cruz Azul ganaba por la mínima después de un penal de Cortés y 45 minutos de posesión y manejo casi totales. Táchira seguía sin ofrecer resistencia pese al constante apoyo de su gente.
 
En la cancha, temprano en el segundo tiempo, Perea cascó en el área una pelota suelta y descargó su frustración con un violento disparo que terminó siendo gol después de pasar entre las piernas del arquero. El colombiano se quitó una losa pesadísima de la espalda con ese gol, y se notó en su festejo. Táchira se veía cada vez peor, honestamente no porque Cruz Azul hubiera sido especialmente avasallador. No tenían la pelota durante más de 4 toques, no llegaban a las marcas y Cruz Azul hizo lo que debe: ir al frente y seguir buscando.
 
Entraron Maranhão y Giménez y la tribuna se levantó a ovacionar. En poco tiempo el brasileño generó la primera y terminó en gol: Orozco. Tiempo después, luego de una jugada rara, fea y llena de rebotes y malos tiros, apareció Villa casi recién ingresado para conectar una pelota que entró botando mansa a la portería. 
 
En los minutos finales, para terminar de demostrar que se jugaba en un contexto internacional, comenzó el Cielito Lindo desde la tribuna, esa canción que por alguna razón se ha adoptado cuando un equipo mexicano participa en competencia internacional. Las plateas se contagiaron y comenzaron a cantar también en algunos sectores. En la barra se observaban los trapos (prohibidos por la Femexfut) con leyendas de distintas colonias. Se sentía un ambiente diferente, hasta de gala, pareciera. Dudo que haya otra afición mexicana que viva o haya vivido así esta copa.
 
Táchira llegó muerto de Venezuela, Cruz Azul hizo lo que podía y debía: Golear.
 
Cruz Azul es el único equipo mexicano que no ha perdido en lo que va del 2012 y en Libertadores culminaremos la segunda fecha como líderes pase lo que pase con el resto de rivales.
Fue una noche que trajo de vuelta la Libertadores donde el equipo nunca ha quedado a deber. En la tribuna la actitud fue irreprochable, fue una noche en la que goleamos todos.
 
Los invitamos a seguirnos en Twitter: @estoeslamaquina
 
Nuestro blog: estoeslamaquina.blogspot.com

Más noticias de FANATICOS