Despierta LOBOS lagrimas, sonrisas y emocion

Por: Nicolas Salvador

Una sonrisa, una lágrima, una emoción, una mirada… todos esos sentimientos se juntaron en el niño Oscar Ovalle, al ver llegar a Lucas Lobos hasta su cama de hospital.
El pequeño, de 11 años de edad, sufre de leucemia y está a un día de ser puesto en aislamiento debido a su enfermedad, por lo que la visita del jugador de los Tigres de la UANL fue más que oportuna.
“Eit… como vas campeón, he venido aquí a decirte que le eches ganas, que tienes que recuperarte y salir a jugar”, le dijo Lobos al momento en acercarse a él, mientras Oscar lo veía sin dar crédito a lo que estaba sucediendo.
Lobos entró al hospital cerca de las 17:00 horas, subió por el elevador hasta el piso tres, caminando hasta la cama 311 de la clínica 25 del IMSS.
“Mira, te he traído un regalo, abrelo tu, para que veas que es”, agregó Lobos, mientras Oscar, sin poder hablar, le daba a entender que no podía doblar su brazo debido a la canalización en la vena que le habían puesto.
“No importa, yo te ayudo”, le dijo Lobos al entender que el niño no podría abrir la bolsa en la que estaba una playera de su equipo favorito.
Después de ahí la charla fue como de dos amigos, contándose sus cosas, sus gustos y dándose consejos. Oscar le dijo a Lobos que había visto la Final del torneo pasado, momento en que sus ojos lagrimearon y el jugador lo abrazaba.
Al final la despedida fue con abrazos, no sin antes de que Lobos invitara a Oscar al estadio en cuanto se recuperara.
Sin embargo, la visita al tercer piso del hospital no terminó ahí, pues Lobos fue hasta la cama 325, donde saludó a Oliver, un niño de 7 años y quien desde que tenía cinco ha sufrido de lucemia.
De ahí a la cama 334, luego a la 336, y así hasta recorrer todo el área de pediatría, en la que se encontró a Stefanía, una niña de 6 años y quien le demostró a Lobos una actitud positiva pocas veces vista en una niña con cáncer.
El alboroto no paraba y no faltaron más padres de familia que le pedían al jugador visitar a sus hijos, terminando así por saludar a todos los pequeños que habitaban el tercer piso de la clínica.

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