El día que fui hincha de Boca

Soy rolo e hincha de Nacional. Sí. Uno de tantos que los periodistas e hinchas bogotanos critican tanto porque, según ellos, uno debe de ser del equipo de su ciudad, así estos lo único que le hayan dado a su público sea lástima. 

Debo aceptar, sin embargo, que lo intenté, pero el fútbol maravilloso que jugaba Nacional a principios de los 90s -épocas en las que mi niñez era aún más vulnerable al fútbol que jugaba el equipo que vería campeón por primera vez en 1994- fue más fuerte. Hoy, sin si quiera conocer Medellín, me considero uno de sus hinchas mas fieles.

Por esas época tenía 2 ídolos: Benji Price, portero del Niupi, y Juan Pablo Ángel -la promesa que no fue- a quien encarné en casi todos los partidos de fútbol que jugaba de niño en los recreos del colegio. 

Con el aterrizaje del fútbol argentino y las camisetas -que entonces era patrocinadas por Quilmes- de Boca y River a Colombia, y la llegada de Ángel al club de la banda, me convertí. He sido fiel seguidor del "millonario" de la Argentina, desde que Ángel -aún con el número 22- jugaba sus primeros minutos, hasta hoy, día en que el club pasa por el peor momento de su historia. Como dato anecdótico, fui primero a ver a River en Núñez que a Nacional en el Atanasio... Y esa todavía está pendiente. 

Este amor por River, entonces, vino acompañado por una rivalidad -exportada y ajena a nuestra colombianidad- con Boca, la cual era -y sigue siendo- alimentada por el amor que algunos cercanos (primos, amigos, etc) -en situaciones muy similares a la mía- empezaron a sentir por el Xeneize. Debo confesar que sufrí cada Libertadores y cada Intercontinental que ganaron; que me puse la camiseta de Palmeiras, Santos, Cruz Azul, Fluminense, Real Madrid, Bayern München, Milan,  y quién sabe cuántos más. La mayoría de veces perdí. 

Llegó así esa horrible noche de Junio de 2004, en la que Boca jugaría una nueva final de la LIbertadores, esta vez, contra el Once Caldas. Si Boca ganaba -a pesar de estar ya acostumbrado- el orgullo de hincha de River dolería... pero si el Once ganaba, igualaría el máximo logro conseguido por un club en toda la historia del fútbol colombiano; el que ostentaba mi club; la Copa Libertadores.Muchos dirán que Coca-Cola mata tinto y que patria mata club, pero para los hinchas de Nacional, esa noche el adagio no aplicó. 

Enfrentaba así una de esas situaciones que pocas veces se da en el fútbol en la que -quienes odiamos la imparcialidad- es difícil ponerse del lado de alguno y esperamos, en cambio, que pase algo extraordinario que no deje que el partido se juegue. 

Desafortunadamente nada pasó y el partido se jugó... Y ahí estuve yo, con mi cuarto lleno de afiches, stickers, camisetas, y demás cosas alusivas al equipo de la banda roja, celebrando el penal que Abbondanzieri le atajó a Valentierra y puteando a Schiavi, Cassini, Burdisso y Cángele por haber errado... El país entero celebró, igual que millones de hinchas de River que vieron como Boca ni siquiera salía a recibir la medalla de sub campeón. Yo, confundido y agobiado, me fui a dormir....

Las cosas del fútbol... El único día que le hice fuerza a Boca y los muertos no fueran capaces, si quiera, de convertir un penal. 

Compartir Compartir Compartir

Post destacados de hoy