Ni bombos ni banderas en los estadios de Ecuador

Por: David Minchala

Ocho años de edad, acompañado de mi tío, un estadio casi vacío, se jugaba la serie B del fútbol ecuatoriano, jugaba el Deportivo Cuenca.

Él (mi tío) vestía de traje, yo, como era la primera vez de mi vida en ir a un escenario deportivo, llevaba puesto una camiseta de la selección ecuatoriana de fútbol, comprada en 10 dólares a las afueras del estadio Alejandro Serrano Aguilar.

Inquieto y nervioso porque escuchaba un sonido poco común para mí, con un ritmo suave pero con una fuerza tal, que se escuchaba en cada rincón de ese estadio, que por estar sin mucho público retumbaba impetuosamente. A su alrededor un puñado de 20 o 30 personas vistiendo camisetas de color rojo, el color tradicional del equipo colorado, cantando a todo pulmón para que escuchen los hinchas presentes o los jugadores, no lo sé.

Empezó el partido y con un pitazo del árbitro mi concentración se fue para la cancha de fútbol, hasta que llegó un gol visitante, y de pronto todo se silenció por unos pocos segundos, y empezaron de nuevo ese puñado de personas a gritar más fuerte y ese bombo a retumbar mucho más.

Pasaron los años, seguí asistiendo a los partidos de fútbol, y al darme cuenta ya tenía 16 años y me encontraba justo en el lugar donde una vez vi a ese puñado cantar y saltar durante 90 minutos. Ahora ya no eran 20 o 30, eran 200 personas. Ya no era la serie B, era la serie de privilegio como los periodistas lo llaman, y al frente no estaba un equipo del cual no pudiera recordar, era el Barcelona Sporting Club de Guayaquil. No estaba el estadio vacío como aquel entonces, estaba lleno y con una gran mancha amarilla al costado del estadio. Ya no era un solo bombo el que retumbaba, eran 3 en la barra del Cuenca y 4 en la barra del Barcelona, lo cual hacía que se llene de cantos y fiesta el estadio entero. Muchas banderas rojo y negro, muchas banderas amarillas también. Yo, saltando, gritando y alentando a mi equipo.

Épocas lindas, en donde no sabía ni quería saber de lo que rodea a esta fiesta. Solo lo que yo quería era ir a saltar y cantar con mis amigos, hasta que empecé a ver la violencia, muertes, peleas, sufrimiento, insensatez.

Hoy por todas estas manifestaciones que dañan la fiesta que un día yo viví, se propone jugar a la europea, sin bombos, sin banderas, sin bengalas, sin nada que atente contra la vida de otra persona.

Muchos están en contra, y es obvio porque se les está despojando de sus fieles acompañantes de toda la vida.

La disposición se la puso en vigencia el 2 de octubre de este año, en el partido entre Deportivo Cuenca y Emelec. En esa ocasión no fui al estadio, en donde muchos me contaron que no se vivió lo mismo, ahora lo que retumbarán son las palmas de sus manos y sus voces tendrán que alzarse mucho más para que sean escuchados. 

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