Nunca se vio tanta fiesta junta

Por: Agustín D'Elía

River necesitaba ganar por dos goles para llevarse la Copa y por uno para ir a los penales.

Pero aquel brillante equipo de Ramón no quería saber nada con forzar esa definición. Después de haber sufrido y de haber gozado casi en partes iguales, el Millonario alcanzaba por cuarta vez la final de la Copa Libertadores (las otras, en 66, 76, 86).

Enfrente estaba el América de Cali. Ese 26 de junio de 1996, la gente le regaló a su equipo el mejor recibimiento que hasta ahora se haya visto en un estadio de fútbol en el mundo, tras ese minuto y pico de fuego y pasión, River comenzaba a jugarse la gran chance copera, en medio de un piso que lejos estaba de ser verde, ya copado por los papelitos y que hacía que desde las tribunas se hiciera dificultoso ver la pelota.

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