Miguel Ignomiriello: formador de cracks

Por: Pablo Colmán

Miguel Ignomiriello llegó a Nacional en enero de 1974 y, en apenas dos años de trabajo, dejó un recuerdo imborrable.

Su labor en las formativas resultó fundamental, ya que potenció y promovió a Primera División a futbolistas que luego fueron figuras con la casaca del más grande.

Juan Ramón Carrasco, Alfredo De los Santos, Darío Pereyra, Heber Revetria y Alberto Bica, entre otros, estuvieron bajo su tutela, atesorando los conocimientos y las enseñanzas de un hombre con mucha experiencia en la materia, que había formado con su trabajo en juveniles al Estudiantes de La Plata multicampeón de fines de los sesenta y que, además, se encargó, como entrenador alterno, de dirigir al seleccionado argentino que, tras un largo y fructífero proceso de aclimatación en la altura, derrotó 1-0 a Bolivia en La Paz y encauzó la clasificación al Mundial de Alemania 1974.  

Con 85 años, y tras haber dirigido a una enorme cantidad de equipos, llegó a Montevideo para presenciar el encuentro del Decano ante Boca Juniors y recibir una plaqueta a modo de homenaje de parte de la institución.

¿Cuáles son sus sensaciones en esta vuelta a Montevideo, de poder estar nuevamente frente a la hinchada de Nacional, que siempre lo recuerda?

Tengo infinidad de anécdotas respecto del comportamiento de la gente de Nacional para con mi persona. En este caso vine muy especialmente invitado al partido ante Boca. La sorpresa fue cuando me dijeron que había una plaqueta para mí. Generalmente, estas entregas se hacen en una oficina, pero en este caso me invitaron al centro del campo. Sinceramente, ver lleno el estadio y recibir esta plaqueta de parte de los directivos fue una enorme satisfacción. Esto lo siento muy profundamente en mi corazón. Me quedará grabado por el resto de mi vida y se lo voy a transmitir a mi familia también. No tienen idea de la emoción que esto representa para mí.
Hábleme de su experiencia en Nacional.

Yo fui técnico de la selección argentina que, en la altura, clasificó al Mundial de 1974 de Alemania. Posteriormente, tuve 3 ofrecimientos: Newell´ s Old Boys, que si bien agradecí no acepté porque ya había dirigido a Rosario Central y mis amigos eran todos de ese equipo;  Universitario de Lima, y Nacional. Yo quería conocer cuál era el milagro del fútbol uruguayo. Ya conocía lo del 24, 28, 30 y 50, un país pequeñito con grandes jugadores. Además, me quedaba cómodo estar en el Río de la Plata, llamar, viajar a la Argentina, donde tenía a mi familia. Como resultado, opté por Nacional, me trajo el “Pulpa” (Washington) Etchamendi para trabajar con los juveniles. Él me dijo: “Miguel, me tenés que dar una mano, Nacional fue campeón de América en el 71, pero nos vamos a quedar sin jugadores, tenés que trabajar fuerte para armar un nuevo equipo”.  Él conocía mi trabajo en Estudiantes y en la selección. El “Pulpa” era un hombre de fútbol. Vine acá y me atendió don Miguel Restuccia, con un apoyo total de los directivos, entre ellos Nasim Ache Echart, el papá de Eduardo. Esto fue en enero de 1974. Etchamendi me llamaba permanentemente: “Miguel, vengase”… y me largué. Había tenido la chance de ser colaborador de Argentina en Alemania 1974, pero cuando me llamaron ya me había comprometido con Miguel (Restuccia).

¿Cómo fueron esos primeros momentos? ¿Cómo armó el equipo? ¿Con qué se encontró?

Un amigo me recordó que cuando yo estaba viendo la primera práctica y lo vi a Juan Ramón (Carrasco), dije: “¿Y ese? Ese es un pichón de Juan Manuel Moreno” (Nota: en referencia al formidable futbolista argentino que brillara en River Plate y el combinado albiceleste en la década del cuarenta). Porque gran jugador había sido Alfredo Di Stéfano, pero Moreno había sido más que él. Después aparece un Darío (Pereyra), un fenómeno,  y (Rafael) Villazán, y Alfredo (De los Santos). Yo lo traje a Pereyra de San José y hago Villazán-Pereyra, Machado afuera y de lateral lo pongo a Alfredo. Después estaba Juan Ramón, que había tenido un problema con los directivos y lo querían mandar de vuelta, pero yo lo sostuve, (Martín) Taborda, y adelante José María Muñiz, un muchacho bastante atorrante que lo traje a vivir al Parque y que en 10 meses engordó 8 kilos, porque le dábamos desayuno, almuerzo, merienda y cena. Después, (Heber) Revetria, (Miguel) Caillava, (Ricardo) Pagola. A Muñiz lo alternaba con (Alberto) Bica y en ese grupo se fue incorporando Daniel Enríquez. Ya en esa etapa entrenábamos doble jornada, acondicionamiento físico básico, pretemporada, en Carrasco, en la zona de la playa. Eso sorprendió acá. Trabajábamos con pelota y le sumábamos una alimentación adecuada a las necesidades. Juan Ramón tomaba en el almuerzo dos botellas de leche Conaprole y en la cena otras dos botellas más, pero después tomaba en el desayuno y en la merienda.

¿Qué jugadores concretamente le sorprendieron?

¡Juan Ramón, Darío, De los Santos, Revetria! También traje al maragato Taborda, a Villazán, que ya era un señor en esa época.

¿Qué categoría dirigía?

Era una Cuarta división, que jugaba en Tercera y allí ganamos el torneo. Después empezamos a trabajar con otras categorías. Cuando trabajás en el fútbol, lo ideal es darle 2 años de diferencia a un grupo y otro para poder llevarlos a Primera, venderlos e ir renovando.

Usted también tuvo un pasaje por la Primera división.

Fue cuando el “Pulpa” se fue, algo similar a lo que le pasó a (Juan Carlos) Blanco ahora, que el presidente pide colaboración. Colaboré en ese poco tiempo con don Miguel. Me había pasado algo similar en San Lorenzo de Almagro en 1972. A Nacional lo dirigí poquito, hasta que encontraron al reemplazante.

¿Cómo sigue su vinculación con la institución?

Sigo en el club después de mi pasaje por la Primera, pero después tengo que regresar a la Argentina porque había un grave problema con la dictadura, que estaba secuestrando chicos. Mis hijos tenían 17 años y habían secuestrado a 3 amigos de ellos. La mamá me llamaba angustiada permanentemente y, ante esa situación, había que estar presente. Yo les había llevado unos libros del “Che” Guevara que había comprado en el aeropuerto de La Paz cuando estuve de viaje y les dije: “quemen todo”.  Eso fue diciembre de 1975, enero de 1976. Estuve 2 años.

Finalmente, ¿un mensaje al pueblo tricolor?

Le digo que en el fútbol se van viviendo etapas, esta no es la ideal, la que el hincha del bolso quiere. Lo comprendo, pero hay que tener confianza y esperar, los dirigentes están trabajando. Hay que felicitar a “Cacho” Blanco que, como hombre del club, campeón en el 71 y 80, ha prestado sus servicios de buena voluntad, porque vino para una función distinta. La situación no es fácil. Esperemos que se iluminen los directivos y traigan lo mejor.

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