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Ante las patadas, Leo Messi ya no se queda callado y responde

Messi ya no se calla nada, sabiendo el rigor que sufre cuando juega en Sudamérica decidió reaccionar ante aquellas faltas que él considera son desde la mala fe. Ya que cuando sufre una infracción propia del juego, jamás protesta o increpa al autor de la misma.

Generalmente, la cosa era de la siguiente manera, le pegaban y él se levantaba asumiendo que esa acción es parte del juego y en consecuencia, válida. No protestaba, o bien lo hacía poco. No perdía tiempo, energía y concentración en vistas de increpar a aquél que le pegase con o sin intención, pero ahora sí, o al menos eso mostró ante Paraguay y Uruguay.

Messi reacciona, se cansó de tener que ser caballero hasta cuando le dan por todos lados. Ante Paraguay iban 11 minutos del primer tiempo cuando recibió una dura arremetida por parte de Marcos Cáceres, a quien insultó sin taparse la boca, como suelen hacer los jugadores para que no se les lean los labios, marcando una suerte de presencia que decía algo así como… “a mí no me ganan de guapo”, y digamos que funcionó.
 


Frente a Uruguay pasó lo mismo en una jugada producida en la mitad del campo en la que se agarró con Egidio Arévalo Ríos, volante central que lo persiguió, hostigó y marcó durante todo el juego. Tras una falta de Pereira, Leo se encontró con la humanidad de un Arévalo Ríos que siguió la jugada y le dio una leve topetazo, como decimos vulgarmente, provocando la reacción del argentino que generó un tumulto importante.

Le han pegado tanto que Messi está cada vez más intolerante a ello, o mejor dicho, no soporta cuando la falta o agresión no tiene que ver con el juego. Hay que estar dentro del campo y ser jugador para entender cuando un empujón, codazo, patada, surgen desde la mala fe. Cuando Leo intuye eso, mala intención, reacciona y eso puede ser un arma de doble filo, porque o te saca del juego o precisamente motiva más.

 

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