#LEYENDA

Bergkamp, el que jugaba aterrorizado por los aviones

El holandés, que triunfó en el Arsenal y en su selección, vivió toda su carrera traumado por su temor a volar. La historia de un miedo incontrolable.

"Se volvió tan malo que miraba al cielo durante los partidos que jugábamos como visitante y me preguntaba cómo estaría el clima. ¿Vendrían tormentas? Muchas veces, estaba preocupado por el vuelo a casa mientras jugaba un partido importante. Era el infierno". 

Desde el 10 de mayo de 1969, en Amsterdam, Dennis Bergkamp fue Dennis por Denis Law, mítico jugador del Manchester United que formó la Holy Trinity junto a Bobby Charlton y George Best, al que su padre admiraba (con una sola ene). Más allá de que Wim Bergkamp debió agregar una letra más al nombre original para que lo dejaran anotar a su hijo, marcó en el pequeño Dennis un destino irrenunciable. 

Creció con una pelota al lado y se volvió futbolista rápidamente, en las inferiores del Ajax, el epicentro mismo de la escuela holandesa, un horno forjador de talentos finos con certeza colectiva. Casi un modo de sentir al juego y a la vida. Bergkamp debutó en la primera de su equipo el 14 de diciembre de 1986.

“Con el tiempo ha reconocido que estaba muerto de los nervios, pero no por el partido, sino porque no conocía a nadie en el vestuario”, confesó tiempo después Simon Kuper, un periodista holandés muy cercano al exjugador. Con apenas 17 años, Bergkamp debutó en un Ajax estelar, donde sólo temió fuera de la cancha. Dentro demostró sus credenciales de futuro crack. Es así que luego del encuentro, mientras volvía apesadumbrado al camarín, Frank Rijkaard, que lo había conocido ese día, jugando a su lado, le preguntó cuantos años tenía. Diecisiete, respondió Bergkamp. “Tienes un futuro brillante por delante”, le respondió Rijkaard.

Su talento lo catapultó directamente al Inted de Italia, que lo pagó 7,1 millones de dólares (una cantidad importantísima para 1993) y, a su vez, se lo robó al Real Madrid y al Barcelona, que peleaban por su contratación. Su cosecha allí fue muy pobre y, luego de dos temporadas en las que fue muy criticado, se marchó al Arsenal. Ahí iba a cambiar su vida. Mientras tanto, había un miedo que ya se había instalado y que iba a hacer de esos años de gloria deportiva, un calvario personal.

Tal vez hayan sido muchos días en uno sólo o, tal vez, sólo algo que tenía que pasar, pero hubo dos episodios que cambiaron la vida de Dennis Bergkamp.

En junio de 1989, un avión de la compañía Surinam Airways se disponía a aterrizar en el aeropuerto de la capital de la exótica republica sudamericana, Paramaribo. El vuelo había salido, horas atrás, desde Schiphol, Ámsterdam. Cuando el piloto estaba realizando las maniobras de aproximación, un fallo humano (como dedujeron posteriormente los expertos que investigaron el accidente), condujo al desastre. El aparato se estrelló y 176 de las 187 personas que viajaban en el murieron. Entre ellas, claro, un nutrido grupo de jugadores holandeses de raíces surinameses, que vieron segadas sus vidas (y en los casos de los supervivientes, sus carreras).

En junio de 1994, un avión de la compañía KLM llevaba al plantel de Holanda hacia el Mundial de Estados Unidos. Todo comenzó antes del despegue, cuando el viaje se retrasó porque en el aeropuerto se recibió una amenaza de bomba. Lo peor vino después. Durante el vuelo, el avión entró en una bolsa de aire, lo que provocó la caída libre del aparato durante algunos momentos. Afortunadamente el piloto solventó la situación y el susto no pasó a mayores. 

Dennis Bergkamp despertó su trauma en 1989, cuando varios de sus amigos murieron en el accidente de Surinam Airways, y terminó de afirmarlo en 1994, mientras viajaba a bordo del avión de KLM, de cara al primer mundial de su vida. El crack holandés no pudo superar aquellos dos episodios y decidió que nunca más volaría. No hubo tratamiento, ni psicólogo, ni familiar, ni amigo que pudiera cambiar su opinión. Aquello se cristalizó incluso en el gran paso de su carrera: el Arsenal.

Con los Gunners, Bergkamp se convirtió en un futbolista de clase mundial. Bajo la tutela de Arsene Wenger, el holandés formó parte de una generación soñada que dejó atrás el mote de equipo aburrido y se transformó en uno de los más mirados del mundo. Pero no había caso a la hora de volar. Una vez, de cara a un partido con el Barcelona, Dennis llegó a viajar desde Londres a Barcelona por tierra, mientras que sus compañeros lo hacían en un vuelo privado. Bergkamp tomó en Londres el tren Eurostar que cruza el canal de la Mancha, después enlazó con el que conduce desde Lille hasta Lyón, para proseguir en coche desde esta ciudad hasta Barcelona. Mientras el plantel demoraba una hora y media, lo suyo tardó ocho horas y media.

"En las negociaciones de contrato, si el Arsenal decía 1 millón, al instante afirmaba 'pero vamos a deducir 100 mil porque no vuelas con el equipo'. Y yo lo aceptaba", llegó a contar el propio futbolista en su autobiografía. Incluso confesó: “He volado muchas veces en aviones grandes, chicos y muy pequeños. En Ajax, una vez, me tocó uno que era minúsculo. Volamos sobre el Monte Etna y, cerca de Nápoles, agarramos un terrible pozo de aire. Sufrí. Vi todo e hice todo y simplemente no voy a volar nunca más. Nunca".

La carrera de Dennis Bergkamp finalizó en el 2006, luego de 18 títulos y una seguidilla interminable de logros individuales. Claro que su cosecha en la selección de Holanda fue más corta, ya que después de su segundo Mundial, Francia 1998, decidió retirarse del equipo debido a que la siguiente Copa del Mundo era en Corea y Japón. Bergkamp llegó a investigar la chance de viajar en barco a Asia, pero descartó la idea y finiquitó su historia con la naranja. 

El 22 de febrero del 2014, Dennis Bergkamp fue homenajeado en Londres, donde el Arsenal inauguró una estatua suya en la puerta del Emirates Stadium. Para esa época, casi ocho años después de su retiro del fútbol profesional, Bergkamp se encontraba como asistente técnico en el Ajax. Por supuesto que para ir de Amsterdam hacia Inglaterra, Dennis cumplió su promesa. No hubo manera que aceptara un pasaje de avión para acudir al acto.

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