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EL BAÚL DE LOS RECUERDOS DE LA LIBERTADORES / NOTA 13

Carlos Borges, aquel "wing" autor de los primeros goles de la Copa

Hurgando en los viejos recortes de diarios de mi archivo personal y recorriendo en la Biblioteca Nacional del Uruguay la colección de "El Diario" —el periódico que más espacio e información destinaba a los deportes—, hace unos años descubrimos una curiosidad. El primer gol de la historia de la Copa Libertadores de América fue convertido por el puntero izquierdo —entonces era común denominarlos con la palabra inglesa "wing"—, Carlos Borges del Club Atlético Peñarol. Fue una especie de "huevo de Colón" que apareció en mi mente por simple deducción, cuando buscaba ingredientes y
profundizaba en la búsqueda de la "verdad histórica" de la fundación de la Copa Libertadores que estaba próxima a los 49 años de edad.


La mención al gol quedó "empastada"

La información estaba allí, en la última página de "El Diario" de aquel martes 19 de abril de 1960, en la nota con la cobertura del partido inaugural del torneo disputado en el Estadio Centenario entre Peñarol y Jorge Wilstermann. Sin ningún título que lo destacara, apenas una línea en cuerpo 7 perdida en el desarrollo de la noticia, expresaba simplemente que "el puntero Carlos Borges fue el autor del primer gol del Sudamericano de Campeones", describiendo la jugada que había culminado con la anotación. Y lo peor... Como si fuera una mueca del destino, esa línea que hace referencia al gol histórico quedó "empastada" en la crónica. Ese término se utilizaba cuando se registraba un error en aquellos diarios que se armaban con plomo...

El solo hecho que recién al día siguiente se enfrentaran en Buenos Aires los campeones de 1959 de Argentina y Brasil —San Lorenzo de Almagro y Bahía—, concedió a lo que ocurría en el Estadio Centenario el carácter de "histórico", de "primera vez"...

Redescubierto por este cronista el hecho olvidado y al que nunca se volvió a hacer mención desde aquel lejano día, procuramos las fotografías de aquella tarde para intentar reconstruir el "gol histórico" y aportar una imagen. Aparecieron tres: la jugada previa con la pelota que pega en el palo; luego el remate de Borges quien, tras tomar el rebote, envió la pelota a las mallas y la última, un registro del costado del palo derecho del golero boliviano donde se ve al golero mirando como entra la pelota al arco.

El paso siguiente fue poner en conocimiento de las autoridades de Peñarol el hecho y así nació un tardío pero justo reconocimiento a Carlos Borges, quién ingresó al campo de juego del Estadio Centenario acompañado por algunos de los primeros Campeones de la Copa Libertadores —Néstor Goncalvez y Luis Maidana, entre otros—, para recibir como premio... ¡una actual camiseta de Peñarol con el número 11 y la inscripción de su nombre en la espalda!


La difusión internacional a través de la Conmebol

Luego, el posterior contacto con el Director de la Revista de la Conmebol, Jorge Barraza, permitió no sólo la difusión internacional del hallazgo a través de esas páginas, sino la finalización por nuestra parte de los estudios e investigaciones que nos permitieron reconstruir "la verdad histórica" de la creación de la Copa Libertadores de América, la cual tampoco se había escrito con fidelidad a los hechos acaecidos.

Los mismos habían sido deformados por los conductores de turno que tuvo Peñarol —contando con la aquiescencia y el silencio cómplice de buena parte del periodismo uruguayo de aquel tiempo—, quienes auto atribuyeron a su institución y al dirigente Washington Cataldi la paternidad de la idea de la creación de la Libertadores y su posterior aprobación. La realidad indicaba justamente lo contrario. La Asociación Uruguaya de Fútbol votó en contra, en todas las ocasiones, la propuesta que partió de Chile para la puesta en marcha del certamen.

El fruto de nuestra investigación debidamente documentada que permitió que saliera a luz por primera la "verdad histórica" —la Copa Libertadores se aprobó en el Congreso de Caracas el 3 de agosto de 1959—, se complementó con el rastreo realizado en otros países por Jorge Barraza para confirmar con otros documentos lo investigado en Uruguay, y así nació el texto que refleja todas las instancia del proceso fundacional de la Copa Libertadores que firmamos entre ambos y que está contenido en las página iniciales del libro en dos volúmenes, editados por la Confederación Sudamericana de Fútbol al conmemorarse, justamente, el Cincuentenario del torneo.

 

El primer gol de la historia de la Copa Libertadores, captado desde lo alto.
 


Aquel "wing" ambidiestro de 16 años

La nota de hoy la destinaremos a rescatar del olvido a Carlos Borges, autor del primer gol en la historia de la Copa Libertadores de América. Lo haremos a través de una biografía nunca antes escrita, con datos desconocidos, que permitirá redescubrir a uno de los grandes jugadores que Uruguay ofrendó al fútbol mundial. La propia personalidad esquiva e huidiza del protagonista, sin duda han contribuido para que —aún hoy con vida—, no ocupe la gran marquesina del fútbol actual donde existe lugar y reconocimiento para las grandes estrellas que en la historia han sido.

Nacido en los suburbios de Montevideo el 14 de enero de 1932, fue un grande del fútbol uruguayo con una extensa y particular actividad. De carácter huraño, muy poco amigo de los periodistas, totalmente reacio a la exposición pública y adverso a cualquier tipo de entrevista o reportaje no solo en los tiempos en que su estrella brillaba con todo fulgor, sino también después, cuando "colgó los botines", todo eso contribuyó a que lo mucho que realizó en el fútbol del Río de la Plata, fuera quedando sepultado por el polvo del inevitable paso del tiempo.

En aquel tiempo lejano de los años cuarenta los clubes "citaban a aspirantes" para integrar sus planteles de divisiones inferiores (no se utilizaba, entonces, la denominación de juveniles). Esas convocatorias que aparecían en los diarios, eran verdaderas "siembras a boleo" en la búsqueda de futuros cracks. Cientos y cientos de muchachos "aspirantes" concurrían a la cita con el futuro. Las pruebas eran similares. Al costado del campo estaban los entrenadores, antiguos grandes jugadores, que formaban los equipos con los jóvenes colocándolos en la posición que los muchachos elegían para mostrarse y después de 20 minutos de observación seguían otros y otros y otros... Había que ser muy bueno para sobresalir y ser "fichado", tal como se llamaba a aquellos muy poquitos que quedaban en el cernidor luego de toda una tarde de búsqueda. Así llegó Carlos Borges a las divisiones inferiores de Peñarol en 1948. Tenía 16 años...

Desde siempre le apodaron "Lucho". De baja estatura, muy fuerte físicamente con dos piernas fornidas que sobresalían por la musculatura natural de sus muslos, desarrollaba gran velocidad cuando ensayaba el "rush" —así se llamaba a las corridas por los extremos—y tenía una llamativa particularidad: era ambidiestro total. Le pegaba a la pelota con la misma fuerza, habilidad y precisión, tanto de derecha como de izquierda. Su posición en la cancha era una sola: puntero, extremo o "wing" como continuaba denominándose a esa posición. Con la ventaja que tanto podía jugar por la derecha, como por la izquierda. Pero siempre pegado a la raya de cal...


Uruguay Campeón del Mundo de 1950

Sobre fines de la década del cuarenta, la organización de las divisiones de los clubes era muy simple. La Primera División y la Reserva estaba conformada por los jugadores del plantel profesional. Las Divisiones Inferiores se estructuraban con la Tercera División Especial, la Tercera División y la Cuarta.

El fútbol de América del Sur vivió en esa década una situación muy especial. Con la vieja Europa en guerra, el centro del fútbol del mundo estaba en nuestro continente. Aquí radicaban las mejores selecciones, los mejores clubes y los más grandes jugadores de la tierra. No en vano se llevaron a cabo en esa década los Campeonatos Sudamericanos de 1941 (Santiago), 1942 (Montevideo), 1945 (Santiago), 1946 (Buenos Aires), 1947 (Guayaquil) y 1949 (Río de Janeiro). Fruto de esa actividad al concluir los cuarenta el fútbol rioplatense vivía un momento particular. Argentina veía culminar su etapa de mayor fulgor del primer medio siglo XX, debilitándose aún más por la sangría operada por El Dorado colombiano y la Liga pirata mexicana.

El fútbol uruguayo de ese tiempo, en cambio vivía un una situación diferente. Soportando en menor medida la sangría de jugadores que emigraban hacia Colombia y México, en las zonas de la defensa se mantenían vigentes una gran cantidad de jugadores que acumulaban una amplia experiencia en el campo local e internacional. Los goleros Máspoli, Aníbal Paz y Pereyra Nattero; los zagueros Raúl Pini, Tejera; los half Gambetta, Rodríguez Andrade, Juan Carlos González, Cajiga y los centrehalf Obdulio Varela, Rodolfo Pini, Ubire Durán, Sixto González y Washington Gómez —el hermano de Walter—, aseguraban una gran solvencia en la retaguardia.

Pero, en cambio, en el ataque no habían aparecido las grandes estrellas que permitieran conformar un equipo espectacular. De pronto, como por arte de magia, brotaron como hongos en los años finales de los años cuarenta, una cantidad de jóvenes que rápidamente irrumpirán en la gran marquesina con el fulgor brillante de las estrellas. Allí están, en esa camada, Juan Alberto Schiaffino, Ghiggia, Míguez, Julio Pérez, Walter Gómez, el argentino Hohberg, Abaddie, Sacco, Cancela, Britos, Romerito, Burgueño y Ramón Villaverde (será en Barcelona de España, sin exagerar un ápice, lo que hoy es Messi).

Así, de esa explosiva mezcla de jugadores veteranos en la defensa y una pléyade de notable jovencitos en el ataque, se fundirán en el crisol del destino y la casualidad, los elementos que permitieron la conformación del notable equipo que Uruguay presentó en la Copa del Mundo de 1950 que conquistó el título legítimamente y por mejor, frente a Brasil en el inolvidable último partido del cuadrangular final del 16 de julio en Maracaná. Triunfo que fue el resultado de la lógica pura. Uruguay era mucho mejor equipo que el que presentó Brasil. Tan superior —y el que sigue es un dato que se omite y desconoce el gran público—, que apenas 72 días antes de esa jornada mundialista, el mismo equipo de Uruguay había vencido al mismo equipo de Brasil 4:3 en San Pablo por la Copa Barón de Río Branco.


Borges, un fenómeno entre fenómenos

En ese mismo año 1948 en que "Lucho" superó la prueba de "aspirantes" y quedó en los planteles de divisiones inferiores de Peñarol, para esos mismos sectores juveniles pidieron pase desde Sud América a los aurinegros, tres delanteros que escribirán una historia importante: Oscar Omar Míguez y Antonio Sacco (el 15 de marzo de 1948), Alcides Edgardo Ghiggia (el 22 de abril de 1948). En esta último día también pidió pase Julio César Abbadie. Ya estaban en el club, integrando la Tercera División Especial, Juan Alberto Schiaffino, Julio César Britos y Hugo Villamide. "Pepe" Schiaffino desde el comienzo resultó un fuera de serie. Debutó en la selección de Uruguay en diciembre de 1945 antes de hacerlo en el primer equipo de Peñarol.

Entre todos esos fenomenales atacantes que surgieron en el fútbol uruguayo, muy pronto se mezclará Carlos Borges, nuestro personaje de hoy, seis años menor que la mayoría de ellos. Tan pronto que su debut oficial con la camiseta de Peñarol se registró en el Campeonato Competencia que se estaba disputando en Uruguay, mientras simultáneamente la selección participaba en la Copa del Mundo de 1950 en Brasil con un plantel integrado por nueve jugadores aurinegros. La necesidad de competir oficialmente en el torneo local y al no tener a sus mejores figuras que estaban en la selección (entra ellas los punteros derechos Ghiggia y Britos), llevó a que Peñarol ascendiera al equipo principal a varias figuras jóvenes de sus divisiones inferiores, que hicieron su debut en esa emergencia. Fueron los casos de los "wines" Borges por derecha y Américo Galván por izquierda, además de otro fenómeno del fútbol mundial de aquel tiempo que jugaba en todos los puestos de la línea delantera: Julio César Abbadie.

Borges vistió por primera vez los colores aurinegros en el equipo principal, el 1º de julio de 1950, el día antes del debut de Uruguay ante Bolivia ganando 8-0 en el Mundial de Brasil. Justamente Borges ocupó el lugar de Ghiggia en el extremo derecho del ataque. En el Estadio Centenario ante 2.511 espectadores, Peñarol venció a Liverpool 5-2 por el Torneo Competencia, integrado con Pereyra Nattero, Bedeu y Possamai; Verdes, César Rodríguez y Etchegoyen; Borges, Hohberg, Abbadie, Riepphoff y Galván. La lotería la cantó "Lucho" a los 78 minutos anotando su primer gol el día del debut.

Esta rara condición de anotar goles en fechas tan particulares como es, por ejemplo esta de su estreno en el círculo máximo del fútbol, lo acompañará durante su extensa trayectoria. Cuando por primera vez vista la camiseta celeste en la inauguración del estadio mundialista de Laussana en Suiza, en 1954, Borges también convertirá su primer gol con la selección de Uruguay el día del debut y el primero en ese escenario que se libraba al uso público. Esta misma situación se registrará al ponerse en marcha la Copa Libertadores de América motivo que origina esta nota evocativa sobre el autor del primer gol en la historia de este torneo que hoy continúa conquistando multitudes...

La actuación de Borges en el primer equipo de Peñarol —con apenas 18 años—, se extendió mientras sus compañeros ya consagrados conquistaban la Copa del Mundo en la final ante Brasil. "Lucho" se mantuvo en la titularidad en los triunfos sucesivos ante Racing 5-1 y Central 4-2. Al siguiente partido ante Bella Vista, en el último día de julio, volvieron al primer equipo los flamantes Campeones del Mundo. Ghiggia y Britos retomaron su posición de extremos derechos —titular y suplente—, en tanto Borges retornaba a las divisiones inferiores.

PRÓXIMA NOTA: Borges, el Mundial d Suiza en 1954, Campeón Argentino en 1961 con Racing y naúfrago en el medio del Río de la Plata...

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