Corinthians impuso su oficio y es finalista del Mundial de Clubes

Corinthians conoce a la perfección el libreto de las obras internacionales. Hace más de cinco meses que ganó la Copa Libertadores, pero el tiempo no le quitó oficio. Es cierto que no le sobró nada para vencer 1-0 al Ah Ahly y meterse en la final del Mundial de Clubes a la espera del Chelsea o el Monterrey, pero también es verdad que es difícil de vencer cuando juega a lo que se propone.

El único tanto del partido

No brilló Corinthians. No mostró ninguna otra faceta diferente a la que exhibió en el torneo continental. Pero mantuvo esos mismos recursos que lo llevaron a la cima de América. El golpe certero, oportuno, con un gran movimiento de Paolo Guerrero para el impacto de cabeza. La administración de sus virtudes. La intensidad para conservar la ventaja. ¿Se le puede reclamar más juego al TImao? Sí, claro, pero difícilmente se le pueda exigir mayor eficacia.

Al Ahly no fue digno sólo por su actitud. Lo fue por su compromiso con el juego, por su postura en la cancha y por la tendencia a pasarse la pelota como mejor vía para arrimar peligro al área rival. Juega muy bien el equipo egipcio. Es un bloque compacto, con alternativas en ofensiva y un buen combo de virtudes colectivas. Pero cuando dos bloques compactos chocan, gana el más firme. El metal más duro ralla al más blando. Y si algo le sobra al equipo brasileño es oficio.

Casi no tuvo chances de estirar el marcador el Corinthians en el complemento. En parte porque no buscó el arco de enfrente tanto como se dedicó a cuidar el resultado. Pasó varios sustos y los centrales tuvieron mucho trabajo, con la permanente colaboración de los medios, pero logró lo que buscaba. El domingo jugará a lo mismo. Le queda un último paso hacia la coronación de un año histórico. La ilusión está intacta.
 

 

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