El liderazgo de Messi guió a la Selección Argentina

El festejo del tercer gol fue todo un símbolo. Era su segunda conquista personal de la noche y la certeza de haber liquidado el partido. El broche de una nueva actuación individual consagratoria. El cierre de una noche de idilio entre el crack y el público argentino. La coronación de una ráfaga de fútbol que llevó un cerrado 0-0 a una categórica diferencia de tres goles ante Uruguay, el campeón de América.

Lionel Messi pudo haber elegido llevarse los flashes él solo. Gritarle al mundo su grandeza. Iniciar una corrida desaforada que lo volviera inalcanzable para sus compañeros en la celebración, tan inalcanzable como para los rivales. Pero el hombre del Barcelona no optó por nada de eso. Apenas vio cómo su tiro libre ingresaba pegadito al palo de Muslera, se dirigió al banco para abrazarse con todos los suplentes. Con sus compañeros. Toda una postal del lugar que ocupa hoy Messi en la Selección Argentina.

Se nota el cambio de actitud del rosarino en el equipo nacional. Además de jugar y hacer jugar, de ser el jugador más importante del equipo, la Pulga se siente dueño del equipo. Y no es por la cinta de capitán, que ya portaba en el ciclo anterior con Checho Batista. Messi es el conductor del seleccionado cuando tiene la pelota y cuando no. Habla, arenga e indica a sus compañeros. Pícaro, conversa con el árbitro para ganar su consideración. Se planta, discute y se insulta con los rivales que lo maltratan. En definitiva, se hace respetar. Por propios, por neutrales y por rivales.

"Siempre estuve feliz en la selección. Es obvio que con resultados es todo más sencillo de sobrellevar y uno está más contento. Cuando se gana todo es más fácil. Y no sólo para mí ¿eh?, lo es para todos, el grupo está fuerte. Quiero disfrutar este momento", afirmó Messi tras el juego. Eso, el grupo ante todo. En el juego, en los goles, en los festejos y en las declaraciones. Liderazgo. Que no ni no.
 

 

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