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EL BAÚL DE LOS RECUERDOS DE LA LIBERTADORES / NOTA 16

El trasfondo desconocido en las finales de 1960 entre Peñarol y Olimpia

Se disputaron los domingos 12 y 19 de junio de 1960 a pesar que el reglamento establecía que “se debían jugar entre semana sin interferir en la actividad local”. En Montevideo se llenó el Centenario con 70.000 personas y en Asunción el pequeño estadio Puerto Sajonia se colmó con 20.000 hinchas.

Los dirigentes se equivocaron feo

La disputa de la primera edición de la Copa Libertadores de América puso en evidencia la falta de olfato de los dirigentes de la Conmebol que integraban la Comisión de Asuntos Internacionales del organismo. En el Congreso de marzo de 1959 realizado en Buenos Aires se analizó por primera vez en forma oficial, el proyecto de los chilenos —apoyado por Argentina y Brasil, con la opinión en contra de Uruguay—, para la puesta en marcha la Copa de Clubes Campeones Sudamericanos. En dicha ocasión la Comisión de Asuntos Internacionales elevó su informe sobre el tema expresando que “aunque en general el proyecto es considerado antieconómico, la Comisión desde el punto de vista deportivo lo considera viable”.

Con excepción de Buenos Aires y Bahía donde actuaron los Campeones de 1959 de Argentina y Brasil, en las demás plazas (Montevideo, Asunción, Santiago, Bogotá y La Paz), el certamen contó el apoyo del público generando muy buenas recaudaciones. A tanto llegó este respaldo de los hinchas, que ante el fracaso de los partidos de San Lorenzo en Buenos Aires, cuando debía disputarse un tercer partido ante Peñarol para definir uno de los dos finalistas en campo neutral, los dirigentes de Boedo aceptaron jugar en Montevideo a cambio de quedarse con la recaudación de ese cotejo. ¡De este modo, por dinero, San Lorenzo resignó su posibilidad de hacer historia!

El reglamento de entonces determinaba, también para las finales, que en caso de igualdad de puntos después de disputados los dos partidos, se llevaba a cabo una tercera final en campo neutral. Buenos Aires fue elegida para el caso que Peñarol de Montevideo y Olimpia de Asunción, tuvieran que apelar a esa forma de definición.

Tribunas repletas en Montevideo

Las tribunas del Estadio Centenario estaban repletas de público aquel domingo 12 de junio de 1960, con cielo gris, frio y amenaza de lluvia que finalmente no comenzó. Casi 70.000 personas se apretujaban en las gradas para observar el encuentro. En aquel tiempo el Centenario tenía mucha mayor capacidad que actualmente. En cada uno de los dos taludes podían ingresar 7.000 personas. Era la localidad de más bajo precio, denominada de esa forma porque la infraestructura de esa instalación era un “talud de césped” donde los aficionados observaban el partido de pie.

Comenzaba a disputarse la primera final de la historia de la Copa Libertadores. Los paraguayos contaban con un equipo muy bien estructurado y con experiencia internacional ya que varias de sus figuras habían competido con la selección guaraní en la Copa del Mundo de Suecia 1958. La delegación del Olimpia llegó al Aeropuerto de Carrasco impecablemente vestida con trajes grises claros, camisa y corbata, acompañados por el Secretario de la Confederación Sudamericana de Fútbol, el también paraguayo Dr. Lydio Quevedeo.

En la misma pista fueron recibidos por los dirigentes de Peñarol, Fernando Parrabere, Washington Cataldi y José Valverde, posando para la gran cantidad de fotógrafos delante del avión. Esa camaradería entre los dirigentes de ambos equipos que se prolongó en la cena conjunta de confraternidad —actitud que se tornará tradicional con el paso del tiempo—, desapareció en el campo de juego.

Peñarol no contó en ese cotejo con Néstor Goncalvez, el centre-half que llenará una época en el club, única camiseta que vistió —además de la celeste de la selección—, durante toda su trayectoria deportiva que abarcó más de una década. Se encontraba lesionado. El entrenador Roberto Scarone apeló para suplantarlo al juvenil Roberto Matosas que llevaba apenas seis meses en el club, al que había llegado procedente de su Mercedes natal. Goncalvez y Matosas eran dos jugadores totalmente diferentes. El primero era todo garra, corazón, coraje y presencia temperamental en la mitad de la cancha. El otro fue un polifuncional de enormes características técnicas, jugador atildado, incapaz de recurrir a brusquedades antideportivas para quitar la pelota al adversario.

Foto histórica. Primer gol en una final. ¡Cuándo no Spencer! Fuera de foco, con tiro desde fuera del área contra el arco de la Colmbes en el Estadio Centenario.
 

El partido en el Centenario —que tuvo como testigo a este cronista—, fue caliente y duro como hasta el presente resultan siempre los enfrentamientos entre uruguayo y paraguayos. Con mucha similitud en la forma de jugar y plantear los partidos, las rispideces afloraron en varios momentos. En uno de ellos, promediando el segundo tiempo, el juez del cotejo —el chileno Carlos Robles—, expulsó al back derecho Juan Vicente Lezcano, uno de los pilares defensivos de Olimpia, por supuesta agresión a Spencer. Debilitado en esa zona, cuando faltaban pocos minutos para culminar el cotejo, el ecuatoriano Alberto Spencer recogió un pase del puntero derecho Luis Cubilla y desde fuera del área, con remate bajo y cruzado a ras del suelo, venció al golero paraguayo Arias. La victoria, aunque exigua, le aseguraba a Peñarol al menos un tercer partido en caso de perder la revancha en tierra guaraní.

Insólitas declaraciones del secretario de la Conmebol

Luego del partido los paraguayos reaccionaron en los medios de prensa de la época —radio y diarios—, por la actuación del juez chileno y los líneas uruguayos, especialmente Juan Carlos Armental.

Lo que llamó la atención —juzgado con los ojos de la realidad actual—, fueron las declaraciones públicas del Secretario de la Confederación Sudamericana, el paraguayo Dr. Lydio Quevedo. “Se olvidan que tienen que ir el domingo próximo a Asunción”, tituló “El País” de Montevideo un recuadro donde se recogían las expresión de una de las máximas autoridades de la Confederación. El texto de la nota vale la pena reproducirlo.

-“El Sr. Lydio Quevedo, secretario de la Conmebol, luego del encuentro disputado ayer por el equipo campeón de su país frente a Peñarol, nos hizo declaraciones en momentos en que se encontraba presa de gran excitación. En fuerte tono nos expresó: ‘La pésima actuación de los árbitros le dio la victoria a nuestro rival. El Sr. Robles cobró fallos inadmisibles que culminaron con la injustificable expulsión de Lezcano, agredido por Spencer y no agresor como lo presentó el árbitro. Igual actuación le cupo al juez de línea Armental, que desde la iniciación del partido vio faltas imaginarias de nuestros players. Peñarol actuó con mucha reciedumbre. Parece que se olvidan que tienen que jugar el otro partido en Asunción” —agregó el Sr. Quevedo—, que finalizó sus palabras afirmando que de ninguna manera el próximo domingo dirigirá la brega el juez chileno”

¡Insólitas declaraciones del Secretario de la CSF al terminar la primera final en Montevideo!
 

¿Se imaginan en la actualidad declaraciones de este tipo emitidas por una autoridad de la Conmebol a favor de un club de su país? Imposible…

La revancha en Asunción

El domingo 19 de junio de 1960, también estaban colmadas las instalaciones del estadio de Puerto Sajonia. Su capacidad para 20.000 espectadores se encontraba cubierta. Aquel escenario —actualmente llamado Defensores del Chaco—, no tenía puntos de contacto con el presente. Detrás de uno de los arcos no había tribuna. Solamente existía un muro separándolo de la calle, a poca distancia del arco. Las restantes tribunas eran de un solo tramo.

Como el Dr. Quevedo lo había vaticinado, el chileno Carlos Robles fue suplantado por el juez argentino José Praddaude secundado —de acuerdo a lo que indicaba el reglamento—, por los paraguayos Dimas Larrosa y José Ramírez Álvarez. Es interesante destacar que esta determinación incluida en el Reglamento de la competencia en todos los partidos —para que los dos árbitros de línea tuvieran la misma nacional que la del club local—, se adoptó por razones económicas, para disminuir costos pensando en los déficits que iba a generar el torneo que por primera vez se ponía en marcha.

Los paraguayos estaban muy preocupados por el ecuatoriano Spencer. Los uruguayos amparados en el triunfo apostaron a conservar el cero en su arco. Es más que interesante —también para conocer la forma en que se expresaba el periodismo de aquel tiempo—, reproducir el comienzo del comentario de Bernardo Garros, enviado de “El País” de Montevideo a Asunción.

“En medio de una extraordinaria expectativa comenzó el match. El mismo nos mostró a Peñarol decidido, ambicioso que se proyectó sobre campo olimpista con profundidad y decisión. Esta situación duró un lapso de no más de cinco minutos, recuperándose la defensa paraguaya, la que concentró toda la atención y juego sobre Spencer. El contralor sobre el ecuatoriano se fue ajustando y en consecuencia, perfeccionando. Sobre los diez minutos ya el contralor fue firme y en consecuencia la acción del hábil centro delantero se fue apagando. Como la misma sicosis —Spencer—que atacó a la defensa olimpista —en sentido afirmativo—también atacó a los integrantes de la delantera peñarolense —de manera negativa— el five del equipo uruguayo prácticamente no existió. Todos y cada uno de sus integrantes buscaron al ecuatoriano ‘sin poderlo encontrar’. La defensa albinegra dominó por completo al “coji-rengo” avance aurinegro lo que le dio gran dominio de campo”.

Toda esta rectórica para expresar que Peñarol arrancó mejor para decaer una vez que Olimpia ajustó las marcas defensivas sobre Spencer, se justificaba por la fuerza de la realidad. No existía la televisación de los partidos ni en directo, ni en diferido, por lo que había que “contarle” el partido y su transcurso a los lectores.

La exactitud de la apreciación del periodista uruguayo se ratificó con dos situaciones sucesivas. A los 28 minutos, una pelota puesta al área de Peñarol en forma de centro por Echague la despejó a medias de cabeza William Martínez, sin mucha fuerza, apremiado por Doldán. El esférico cayó en los pies de Recalde sobre la línea del área grande, rematando de primera en forma rasante, contra un palo, venciendo a Maidana. Así se puso en ventaja Olimpia 1:0, tanteador con el cual terminó la primera etapa.

El Hohberg por el joven Spencer

Para el segundo tiempo el técnico Roberto Scarone sacó a Spencer del equipo —que había sido anulado—, ingresando el veterano Juan Eduardo Hohberg. Nacido en Córdoba donde comenzó en Central, pasó a Rosario Central y en 1948 se incorporó a Peñarol. Se nacionalizó uruguayo para defender la celeste en la Copa del Mundo de Suiza 1954 y en 1958 fue “a probarse” al Sporting de Lisboa. ¡Qué tiempos! Un jugador de la dimensión de Hohberg… ¡fue a mostrarse! Y no quedó… Al retornar con su familia sufrió un accidente aéreo en una isla cercana al aeropuerto de Río de Janeiro. El avión se incendio. Hohberg y los suyos salvaron la vida corriendo. Ante tantas contrariedades resolvió dejar el fútbol. Meses después, el técnico Hugo Bagnulo lo convenció para volver. Fue decisivo en los meses finales de 1958 para conquistar la Copa Uruguaya; tuvo un gran año 1959 y en el comienzo de 1960 se mantuvo en el plantel principal aunque cedió la titularidad al joven Spencer.

“Hohberg hizo honor a su calidad: fue un maestro”, tituló “El Diario” de la noche considerándolo, junto con Néstor Goncalvez, uno de los mejores jugadores de la cancha. Merced a su fútbol el ataque de Peñarol se rearmó y fue por el empate. A los 83 minutos llegó la igualdad. Un córner ejecutado por Carlos Borges desde la izquierda fue muy pasado. La pelota sobrepasó a todos en el área, picó siendo cabeceada por Luis Cubilla que entraba a la carrera, quien se agachó para conectarla. La golpeó centímetros antes que el zapato de la pierna de un defensa paraguayo llegara para alejarla. El golero Arias no llegó y así quedó decretada la paridad que Peñarol pudo aguantar hasta el final del partido.

19.06.1960: El gol y el título. Cubilla cabecea casi sobre el botín de un zaguero. Gol, empate y título para Peñarol.
 

Lamentablemente, Hohberg se “perdió la foto”, como se dice hoy. El único registro del equipo de Peñarol Campeón de América fue tomado antes del comienzo del partido en Asunción. Y en el de ida que se jugó en el Estadio Centenario, Hohberg tampoco fue titular, por lo que no quedó registro de la oncena con este argentino que resultó trascendente para que Peñarol lograra el título de visitante. LA COPA NI SE MIRA, NI SE TOCA. NO “EXISTÍA”…

Los hinchas paraguayos mostraron su contrariedad arrojando naranjas sobre la cancha una vez concluido el partido. El trofeo no se entregó ni en la cancha, ni en los vestuarios, ni luego en la sede de Peñarol. Hemos investigado este tema y todo indica que la Copa Libertadores no “existía”… Es más, tampoco en 1961 apareció en Pacaembú para entregársela al capitán de Peñarol vencedor de Palmeiras. Sin embargo, en setiembre de 1961 cuando Peñarol se clasificó Campeón del Mundo de clubes al vencer al Benfica, Campeón de Europa, se entregó en la cancha la Copa Intercontinental y ahí apareció la Libertadores, sin base. La fotografía muestra a ambos trofeos. La del mundo en manos del capitán William Martínez y la Libertadores “destartalada” y sin base, en poder el dirigente de Peñarol, Carlos Zeni…

¡Peñarol Campeón de América! La delegación retornó de Asunción del Paraguay el mismo domingo por la noche. El partido se jugó de tarde. Los hinchas de Peñarol salieron a festejar a la Avda. 18 de Julio. La celebración duró hasta altas horas de la noche, mientras la delegación fue esperada en el Aeropuerto de Carrasco por otra multitud anhelante de poder “tocar” a los nuevos ídolos que conquistaron para el fútbol uruguayo la primera Copa Libertadores de la historia.

 

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