Kai Havertz no jugará por Champions porque ¡tiene exámenes en el colegio!

El joven volante del Bayer Leverkusen se pierde la vuelta de los octavos de final de la Champions contra Atlético Madrid porque debía cumplir con sus obligaciones escolares. 

Por: Luciano Garzo

Hace más de una década el fútbol alemán tiene una planificación minusciosa para elevar constantemente el nivel de su fútbol juvenil. Centros de entrenamiento, máquinas especializadas para todo tipo de ejercicios y, sobre todo, organización, son algunos de los factores que llevan a los equipos alemanes a hacerse cada vez más fuertes no solo en la Bundesliga sino también en las competencias europeas. Lógicamente, toda esa fortaleza deriva en la selección, que desde el Mundial 2002 estuvo siempre en el podio.

Los hijos de esta revolución futbolística en Alemania aparecen constantemente. Uno de ellos es el joven Kai Havertz, un volante de 17 años que se ganó un lugar en el plantel profesional del Bayer Leverkusen después de asombrar al entrenador Roger Schmidt en la pretemporada. Su conducción con la pierna izquierda y la elegancia de sus movimientos inmediatamente llevaron a los medios alemanes a compararlo con Mesut Özil. "Es mi modelo a seguir. Creo que nuestros estilos se parecen, por eso trato de aprender lo máximo posible de su juego", manifestó el propio Havertz. 

Hoy no es noticia por su proyección y su potencial, sino por el curioso argumento que lo dejó afuera de la revancha contra Atlético, precisamente el rival contra quien hizo su debut absoluto en la Champions League. Havertz no pudo viajar a Madrid porque a pesar de su status de joya en el fútbol, todavía está en la escuela secundaria y tenía exámenes que no podía aplazar ni aunque la excusa fuera "debo jugar un partido definitorio por el torneo de fútbol más importante del mundo".

Probablemente también sea este uno de los secretos del éxito del fútbol alemán: la disciplina. El joven sabe que podrá vivir del fútbol durante los próximos 15 años y que probablemente lo que coseche le servirá por el resto de su vida. Sin embargo, con 17 años, el sistema lo obliga a cumplir con las responsabilidades de cualquier chico de su edad y ahí estará él, sentado en un pupitre, escribiendo en una hoja como el resto de sus compañeros, mientras sus otros compañeros, los del Leverkusen, estarán en Madrid tratando de revertir la serie para pasar a los cuartos de final.

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