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Laucha Acosta, el que dejó los millones por Lanús, el club que cobijó a su familia en el peor momento

El delantero del Granate, tal vez el máximo ídolo de la institución argentina rechazó una tremenda oferta del fútbol chino y dice sin tapujos que el dinero no es lo más importante.

Una mano para salir

La cosa estaba mal. En el año 2000, Argentina iba en el tobogán de cara a la crisis más profunda de su historia reciente, con cataclismo posterior, con la crisis de deuda externa en el 2001, que dejó a la mitad de su población sumida en la pobreza. Es por eso que a principios del siglo, la familia Acosta sufría las mismas necesidades que otras tanta de clase media, que perdieron tal condición al convertir su vida económica en un rojo permanente. Para Roberto, el padre del clan, el momento no podría ser peor, ya que acababa de perder su trabajo en una agencia de automóviles. 

Fue allí que apareció Lanús, que en ese entonces peleaba con esfuerzo por sostener su condición de equipo de la Primera División del fútbol argentino. Rodrigo y Lautaro, los hijos de Roberto, eran parte de las categorías menores de la institución y es por eso que su papá era conocido en el día a día del club. Ante la emergencia de la desocupación, contrataron al papá de los dos chicos para tareas de mantenimiento, limpieza, asistencia y cualquier cosa que hiciera falta. Para el Lauchita, el menor de los dos hermanos, fue saber que Lanús jamás le soltaría la mano.

"Vine a los 8 años y me apoyaron en los peores y en los mejores momentos. Yo soy de Glew, de una familia humilde, y gracias al club me pude formar, porque me daban un viático para venir y no pagaba cuota. Estaba becado. Soy el producto de un club social, aunque en ese entonces no me daba cuenta. Estábamos mal, necesitábamos una mano y ahí estuvo el club. Yo después hice todas las inferiores y llegué a Primera y todavía siento que no devolví todo lo que me dieron".

Empezar a devolver

Lautaro Acosta creció en las inferiores de Lanús con la velocidad con la que sus desbordes depositaban pases en los pies de los delanteros que lo fueron acompañando en la categoría 88 de las menores granate. Su rapidez y su gambeta lo hicieron destacarse rápidamente entre los grandes proyectos del club de cara al futuro.

El Laucha debutó en la Primera de Lanús en el 2006, en medio de un proceso en el que su club dejó de ser un equipo que peleaba por no defender, para convertirse en uno de esos conjuntos incómodos, que sorprendían a los grandes cada tanto. Acosta colaboró en eso hasta ser parte del gran golpe, cuando en 2007, el Granate obtuvo el primer título de su historia, nada menos que en la cancha de Boca, la mítica Bombonera. 

Seis meses después del festejo, en el 2008, Lautaro fue vendido al Sevilla en 10 millones de dólares. La gran figura del club dejaba su lugar en el mundo luego de 12 años y, a los 20, se iba a España a recorrer un nuevo camino. Su posterior suerte iba a decir que las lesiones y la irregularidad lo marcarían en su paso por Europa, que terminaría en Racing de Santander y en un retorno al fútbol argentino con la camiseta de Boca, en el 2012.

"Cuando me fui, nunca volví a ser el mismo. Ni en Sevilla, ni en Santander, ni en Boca. Nunca fui el de acá, el de Lanús. Me lesionaba. Me pasaban cosas. No me sentía a gusto. Y volví y otra vez logré volver a ser. Acá soy el mejor que puedo ser. Este lugar me da esa paz, esa continuidad y esa alegría de vivir el fútbol. Soy lo que era en el baby fútbol de Lanús. Eso soy".

Retorno con gloria

Lautaro volvió a Lanús en el 2013 y, a su vez, se reencontró con su fútbol. Rápidamente, formó parte del segundo título internacional del club, la Copa Sudamericana de ese año, bajo la tutela de Guillermo Barros Schelotto. Más tarde, con la dirección técnica de Jorge Almirón, el Granate se convirtió en el mejor equipo de Argentina, con un memorable título en el 2016, cuando venció 4 a 0 a San Lorenzo en la final.

Con el paso del tiempo, Acosta superó su problema con las lesiones musculares y, año tras año, se mostró como el delantero más preponderante del fútbol argentino. La receta volvió a ser la misma: una velocidad trepidante y un desequilibrio permanente.

En el 2017, con su equipo avanzando sin parar en la Copa Libertadores, el sueño pendiente del club, a Lautaro le llegó una millonaria oferta del fútbol de China. Eran 10 millones de dólares por tres temporadas, un dinero sideral en comparación con lo que Lanús podía pagarle. A eso se sumaron intereses de México y Estados Unidos. Sin embargo, con el recuerdo fresco de aquello que vivió su padre, el Laucha dijo que no. Se trataba de devolver esas caricias. Se trataba de buscar la gloria. Y la gloria no sabe de economía. Es menos efímera. Más bien es eterna.

"Tengo cinco campeonatos acá y, cuando era chico, el club no había sido campeón nunca. Crecí en un club que ascendió, que jugó la Promoción, que se fue haciendo grande y que empezó a ganar cosas. Y cada festejo es el festejo de mi familia, de mis amigos, de los que conozco de toda la vida. ¿Cuánto vale eso? Estamos entre los cuatro mejores del continente. No hay plata que lo pague. De verdad lo digo. Hay mil jugadores que ganaron cualquier cantidad de plata, pero nunca pudieron ser campeones con sus amigos y con su familia. Por eso me quedo acá".

*Las declaraciones de Acosta son parte de una entrevista con el suplemento Enganche, de Página 12.

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