Lo que la TV no te mostró de Lanús - Vasco da Gama

Con el paso de la noche, la temperatura del partido transita en una proporción inversa a la del clima. En la previa, el cielo de Lanús está despejado y no hace frío. La gente se acerca al estadio de Lanús sin frío, pero con la ilusión de una jornada histórica. Los hinchas granates le ponen color a la velada. Por el otro ingreso, la torcida brasileña se hace escuchar a lo lejos.

Los hinchas locales despliegan un recibimiento ultra colorido, con una, dos, cuarenta bombas de humo tono granate. La nube lo cubre todo. El olor a pólvora llega hasta las tribunas. En el campo no se ve nada. Por eso se demora el inicio del partido. Mientras, la gente canta desaforada, salta, le ratifica a su equipó que para ser campeón hoy hay que ganar.

De pronto, el silencio. Gol de Vasco da Gama. Y a sufrir. Lanús lo busca, se adelanta en el campo, pero el pitazo lo manda al descanso. El cielo abierto de a poco se pone gris y cada vez se hace más difícil ver las estrellas. En la cancha, el local sigue al acecho. Pisa el área rival tres veces. El clima es cada vez más frío. Antes de los veinte minutos, hay gol de Lanús. Se hacen escuchar los gritos esperanzadores, los latidos continuos. Vasco ya no buscará más el arco de enfrente. Lanús ya no retrocederá en el terreno. Y el frío no cesará.

La gente canta sin parar y el viento cala profundo. Parece que aumenta el frío y se larga a llover. En eso, Lanús vuelve a convertir y la Fortaleza es una llama de fuego que amenaza con arder. El frío sigue siendo intenso, pero a esas personas que gritan y saltan con el torso desnudo poco les importa. Porque el calor lo pone la gente.
 

 

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