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¿FORTUNA MATA HISTORIA?

Los clubes que dejan sus estadios en manos de las empresas y los millones

Los hinchas se niegan, los directivos se tientan con los millones. Lo cierto es que muchas veces se margina lo simbólico con tal de recibir un ingreso económico espectacular. Un debate que enfrenta la actualidad con signos del pasado. 

Son pocos los clubes que pueden ostentar su estabilidad económica. Son tiempos que se caracterizan por crisis que afectan directamente a la sociedad y las instituciones de fútbol no están ajenas a este contexto. Aunque resulte extremista, los resultados deportivos son el pilar fundamental para la economía de los clubes. Si son positivos, el plantel se revalorizará y las ofertas sobrarán aunque la historia es distinta si el balón no ingresa en el arco.

Las ventas de jugadores son la principal vía de ingreso económico. Más atrás se presentan otros factores como la masa societaria del club, el merchandising y los sponsors. Sin embargo, en los últimos años, apareció una tendencia que aporta un caudal financiero impactante pero que atenta contra el sentimiento del hincha y la tradición del mismo club.

Cambiar el nombre del estadio a cambio de millones y millones de dólares. Esos estadios que fabricaron una mística y una marca a nivel mundial son amenazados por nombres de empresas que ofrecen cifras estratosféricas e irresistibles para los directivos.

El Bayern Munich fue uno de los pioneros. En la temporada 2005/2006 dejó el Estadio Olímpico de Berlín para jugar en el Allianz Arena. Si bien fue con motivo del Mundial de Alemania, muchos hinchas estaban en desacuerdo ya que el club teutón había forjado resultados épicos en el Olímpico. Tal es así que un 40 por ciento de los hinchas votó  en contra del nuevo estadio.

El Olímpico de Munich, estadio en el que Bayern obtuvo prácticamente todos sus títulos.

Mallorca recibió casi 2 millones de euros (2,2717 millones de dólares) para que el viejo Oni Estadi se llame Iberostar. Más simbólico fue lo de Osasuna, que vendió el nombre de El Viejo Sadar por el Reyno de Navarra a cambio de 1,5 millones de euros (1,70 millones de dólares).

Si hablamos de símbolos, el Arsenal dejó un pedazo de historia a cambio de los millones. El mítico Highbury fue prácticamente derrumbado y en un barrio cercano se levantó el imponente Emirates Stadium. Los Gunners recibieron 580 millones de euros y el contrato firmado obliga a que el estadio se llame así los próximos 15 años (contando desde 2006). Luego, la misma directiva del Arsenal informó que se llamara ‘Rosa y Nato’ en honor a los primeros dueños del club.

El legendario Highbury donde el Arsenal se hacía inexpugnable. 

Pero no todo sucede en Europa. Nuestro continente también tiene sus ejemplos. Palmeiras demolió en 2010 el Estadio Palestra Italia, lugar en el que tuvo noches históricas de Copa Libertadores. A partir de ese año se construyó el Allianz Arena, estadio que será administrado por la empresa por los próximos 30 años. Además, Allianz catalogó al escenario como multiuso, lo que significa que no solo se utilizará para los partidos de fútbol del Palmeiras.

Allianz Parque, el nuevo estadio de Palmeiras.

Chivas inauguró su nueva casa en 2010. El Estadio Omnilife es donde los rayados juegan sus encuentros. El nombre de su escenario se debe a una empresa de multivitamínicos que administrará el estadio hasta el 2030. A Chivas le costó desprenderse del legendario Jalisco ya que ahí obtuvo 6 de sus 11 títulos.

El Liverpool se negó a derrumbar el Anfield. Por sus hinchas, el estadio tampoco cambió el nombre.

Distinta fue la historia en River. Coca Cola intentó más de una vez cambiar el nombre de Vespucio Liberti por el nombre de la multinacional a cambio de 40 millones de dólares pero fracasó. No obstante el caso emblemático es el de Liverpool que rechazó 280 millones de euros. La empresa Standard Chartered quería imponer su nombre en el Anfield Road pero hubo una enorme respuesta negativa por parte de los fanáticos, que terminaron triunfando.

Los hinchas valoran los colores y protegen sus elementos históricos. Lo simbólico no es una fábula. Para el fanático su estadio es su segunda casa y el nombre traslada mística, recuerdos e imborrables momentos. Si bien es una tendencia que crece con el correr del tiempo, algunos clubes protegen los íconos de la historia que armaron. Son los hinchas quienes entienden que hay cosas que el dinero no compra.

 

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Los puntos de vista y opiniones expresadas en este post son solamente las del autor y no representan necesariamente las de Pasión Fútbol.

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