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Montevideo recibió con apoyo el primer partido de la Libertadores

Contra todos los pronósticos negativos, 28.766 entradas se vendieron en el Estadio Centenario el martes 19 de abril de 1960, día de Fiesta Patria en Uruguay, para asistir al cotejo entre Peñarol y Jorge Wilstermann.

La sentencia bíblica asegura que "los últimos serán los primeros". En la inicial edición de la Copa Libertadores se hizo realidad. Peñarol fue el último en lograr su clasificación para disputar el torneo. Obtuvo el pasaje al ganar ante Nacional 2:0, la final de la Copa Uruguaya de 1959, que por razones de calendario se disputó el 20 de marzo de 1960. Después se convirtió, luego de siete partidos, en el primer Campeón del torneo.

Desde la reunión de la Confederación Sudamericana de Fútbol celebrada en Montevideo el 15 de febrero de ese año sesenta, se conocían los enfrentamientos de los cuartos de final, determinado mediante sorteo: San Lorenzo de Almagro-Bahía (Grupo 1); Jorge Wilstermann con el Campeón de Uruguay que no estaba consagrado en el momento del sorteo (Grupo 2) y Universidad de Chile-Millonarios (Grupo 3). La llave 4 la integraron Olimpia de Paraguay y Universitario de Perú.

Los "cremas" incaicos fueron inscriptos en esa reunión de manera "condicional" por el Dr. Teófilo Salinas, dirigente peruano que representó a su Federación, otorgándosele un plazo de dos semanas para ratificar la participación. Finalmente Universitario resolvió excluirse del certamen inaugural, razón por la cual el campeón de Paraguay clasificó, sin jugar, para las semifinales.
 

Se la llamó Copa Libertadores de América

En las reuniones del Congreso de la Conmebol celebradas en Santiago de Chile del 27 al 30 de agosto de 1959, los dirigentes consideraron el proyecto de reglamento de disputa sin definir su aprobación. Por un lado el dirigente argentino Luis Chamizo planteó que el torneo se iniciara inmediatamente, con los Campeones de 1958, disputándose del 15 de setiembre al 30 de octubre de ese mismo año 1959. Asimismo, los dirigentes orientales —que fueron el único voto en contra para la puesta en marcha del certamen—, dejaron constancia que "Uruguay no combatirá la competencia, pero no permitirá que su realización entorpezca la actividad de las Asociaciones y los Sudamericanos de Selecciones, así como el resquebrajamiento de la unidad entre las afiliadas a la Confederación".

En cambio, como una forma de avanzar, aunque no se aprobó el proyecto de reglamento, se adoptaron dos resoluciones por unanimidad, que merecen destacarse. Se dispuso la adjudicación al club ganador de un trofeo que denominaron "Copa Libertadores de América". El nombre recoge en su esencia un homenaje a los héroes de las Patrias sudamericanas que lucharon por la independencia contra españoles y portugueses. En la ocasión, el dirigente peruano Dr. Teófilo Salinas, solicitó se le autorizara la producción del trofeo en la "Platería Camusso" de Lima, planteo que fue aceptado.

Asimismo, se creó una Comisión Organizadora con amplios poderes para tomar decisiones sobre temas urgentes, inclusive cuando el torneo estuviera en marcha. Quedó integrada por el presidente de la Conmebol, Fermín Sorhueta (Uruguay); el Secretario Lydio Quevedo (Paraguay) y el Tesorero, Eduardo de Castro (Colombia).
 

Fijación de los partidos y la "altura" de La Paz

En aquel tiempo los clubes tenían que ponerse de acuerdo sobre las fechas de sus partidos, teniendo en cuenta la necesidad de cumplir con lo resuelto por la Conmebol, es decir, el desarrollo del torneo entre 15 de abril y el 15 de junio, sin interferir con la actividad local de las Asociaciones. La idea planteaba la utilización de los días miércoles de cada semana para desarrollar los encuentros.

Desde el arranque de la actividad del nuevo torneo, el postulado de los uruguayos para evitar la interferencia de la Copa Libertadores de América con la actividad local, quedó comprobado que era letra muerta. San Lorenzo y Bahía, los campeones de Argentina y Brasil fueron quienes estuvieron más cerca de respetar lo decidido. Fijaron sus encuentros para el miércoles 20 de abril en Buenos Aires con revancha en la tierra de Jorge Amado, el martes 3 de abril. La Universidad de Chile y Millonarios acordaron jugar dos domingos —el 8 y el 15 de mayo—, fechas que permitieron la ya estructurada competencia internacional de la selección trasandina en cuyo plantel figuraban varias estrellas del campeón.

En tanto, Peñarol utilizó para el debut el martes 19 de abril de 1960, en Montevideo, aprovechando la Fiesta Patria Nacional conmemorativa del desembarco de los Treinta y Tres Orientales en la playa de la Agraciada, provenientes de Buenos Aires en un lanchón, para iniciar las luchas de la independencia. En cambio, la revancha fue fijada para el sábado 30 del mismo mes en La Paz. Es decir que, ni l os propios uruguayos respetaron la ponencia de los dirigentes de la AUF.

"La Mañana" se refirió en su título a que se disputaba la Copa Libertadores de América.
 

Con esta decisión de los bolivianos —fijar los encuentros en La Paz—, comenzaron a utilizar por primera vez en su historia futbolística los beneficios de jugar en la "altura" llevando a sus rivales al sufrimiento de actuar en las condiciones difíciles que impone la ubicación de esa ciudad a más de cuatro mil metros de altura sobre el nivel del mar. No debe olvidarse que la sede del entonces tricampeón de Bolivia y, por ende, donde reside aún su mayor parcialidad, es la ciudad de Cochabamba, también en "altura" pero a dos mil metros. Para el fútbol uruguayo la revancha del 30 de mayo se transformará en el primer partido de su historia disputado en esas condiciones.

En consecuencia, en los hechos el encuentro entre Peñarol y Jorge Wilstermann del martes 19 de abril de 1960, se convirtió en el compromiso oficial que marcó el inicio de la Copa Libertadores de América.
 

Bolivia promocionaba el Sudamericano de 1961

El Presidente de la Federación Boliviana de Fútbol, Valera Cámara, llegó a Montevideo nueve días antes del cotejo. Aprovechó la ocasión para promocionar el Campeonato Sudamericano que Bolivia iba a organizar en 1961 (finalmente se llevaría a cabo en 1963), y entablar contactos con la AUF para la fijación de los partidos que debía jugar ante Uruguay por las eliminatorias para la Copa del Mundo de 1962. Valera Cámara fue recibido en sesión solemne de la Junta Dirigente de la AUF, invitó oficialmente a Uruguay para intervenir en el Sudamericano que "organizará mi país en varias ciudades" —según manifestó el visitante—y logró, como quería, que en la ciudad de La Paz se jugara el primer partido entre Uruguay y Bolivia por las eliminatorias mencionadas.

También se dedicó a realizar una importante campaña de prensa. Visitó los diarios donde informó de los detalles de la organización del torneo previsto para 1961. "El Presidente de la Federación Boliviana cree en el buen éxito del Sudamericano", tituló "El País", el mismo martes 19, día del partido inaugural de la Libertadores.


Gran promocion del encuentro en los diarios

Adelantándose al grueso de la delegación y para sumarse a la actividad que desarrollaba Valera Cámara, el miércoles 13 de abril arribó el Presidente de Jorge Wilstermann, Pablo Pérez Estrada, quien ocupaba el cargo desde hacía cinco años.

Dos días después, el viernes 15 de abril —cuatro días antes del cotejo—, sorprendiendo a los aficionados, arribó la delegación completa de Jorge Wilstermann. También resultaron llamativas las declaraciones de varios jugadores que publicaron los diarios: "venimos con anterioridad para aclimatarnos al llano", según declararon. Es interesante destacar, que los campeones bolivianos visitantes arribaron al mediodía al "Hidropuerto de CAUSA", procedente del "Hidropuerto de Buenos Aires". ¿Qué era esto? En aquel tiempo, un modo más rápido de viajar que el barco, para unir las dos capitales del Plata, era el hidroavión, que acuatizaba en el puerto de Montevideo y también en el de Buenos Aires.

De esta manera, debido a la antelación con que llegaron los visitantes a Montevideo, las páginas de la prensa comenzaron a difundir fotografías del equipo boliviano, de su principal figura, Máximo Alcocer. Un día sí y otro también, aparecían noticias sobre el Campeón de Bolivia. Se supo que su fundación era reciente —el 6 de noviembre de 1951—y que el club estaba vinculado a la empresa Lloyd Adéreo Boliviano, cuyo propietario y empleados habían dado vida al club. Que el nombre de la institución tributaba un homenaje póstumo al pionero de la navegación aérea boliviana, fallecido trágicamente en un accidente, en 1930, junto con otras trece personas, en uno de aquellos vuelos precarios entre Cochabamba y Oruro. Que siete jugadores del plantel habían defendido a la Selección de Bolivia que había participado del Campeonato Sudamericano de 1959, en Buenos Aires, ocasión en que perdió 7:0 ante Uruguay. Que el entrenador de Jorge Wilstermann, Tri Campeón de Bolivia en los años 1957, 1958 y 1959 era el argentino Saúl Ongaro, ex jugador de Racing y Estudiantes de La Plata. Y que, lo más llamativo como "gancho" publicitario para atraer al público, era que desde la Copa del Mundo de 1930 a la fecha, nunca más se había presentado en Montevideo un equipo de fútbol del país del Altiplano.

El domingo 17 de abril, en un acto protocolar, todos los integrantes de la delegación boliviana, se hicieron presentes, en horas del mediodía, en la Plaza Independencia, depositando una ofrenda floral al pie del monumento al Gral. Artigas.

Los diarios uruguayos difundieron en los días previos la foto de Máximo Alcócer con la gran figura de Jorge Wilstermann.
 

Lo que no registraron los diarios de aquel tiempo, es un episodio magnífico de confraternidad deportiva que, en la edición No. 111 de la revista de la Conmebol cuyo Director es Jorge Barraza, reveló Renán López, centrodelantero del Campeón de Bolivia, en un reportaje que se le realizara.

—"Nunca olvidaré la confraternidad que reinaba en ‘Los Aromos’ donde concentraba Peñarol —contó López—. Los futbolistas uruguayos nos prepararon un asado. Sí, ellos mismos cocinaron y nos sirvieron. Un gesto simpático, de gran camaradería".


Las incógnitas que planteaban los matutinos

Los dirigentes de Peñarol conducidos por el Cr. Gastón Guelfi, no tenían idea de la reacción de la parcialidad aurinegra frente al nuevo desafío internacional que afrontaba el club. No debe olvidarse que Uruguay votó en contra de la creación del torneo argumentando que perjudicaría la actividad local y los Campeonatos Sudamericanos de Selecciones. A su vez, el informe de la Comisión de Asuntos Internacionales de la propia Confederación Sudamericana, dado a conocer en el Congreso de marzo de 1959 en Buenos Aires, aconsejaba la disputa del nuevo certamen pero advertía sobre los déficit que podían generarse, los que debían ser solventados por los clubes que actuaban de local.

Con referencia al rival que enfrentaba Peñarol, nada se conocía. En un mundo sin televisación en directo de los partidos y sin "espías" que viajaran a observar el juego de los rivales, las conjeturas previas quedaban en el ámbito de las suposiciones.

Por este motivo el título principal de la sección deportes del matutino "El País", del martes 19 de abril, recoge el hecho histórico del enfrentamiento ("Peñarol y Wilstermann iniciarán hoy la disputa del Torneo de Campeones"), y la bajada del mismo advierte: "El team uruguayo tendrá que superarse ante un rival de gran capacidad atlética".

Por su parte "La Mañana" reflexionaba sobre las pobres actuaciones previas que venía cumpliendo Peñarol ("Deberá experimentar firme recuperación el team local") en tanto fue el único medio de prensa que, en su título, se refirió a la disputa del "Trofeo Copa Libertadores de América". Resulta interesante transcribir el primer párrafo de la nota previa al encuentro, aparecida en este periódico: "Un partido de real interés por distintos conceptos se disputará esta tarde en nuestro escenario futbolístico. Comienza de esta forma el torneo de campeones del continente sudamericano donde estará en juego la valiosa Copa ' Libertadores de América'. La feliz idea llevada a la concreción, servirá para organizar un certamen donde compite la flor y nata, amén de tener la virtud de estrechar vínculos afectivos entre pueblos hermanos". Sin duda alguna, otro tipo de periodismo. Era común, entonces, destacar que los cotejos de fútbol entre selecciones o equipos de países diferentes, servía para confraternizar y ampliar relaciones afectivas entre los pueblos de nuestro continente...


Gran cantidad de público en el estadio Centenario

Contra todas las previsiones negativas, en aquel martes 19 de abril de 1959, el cálculo de público asistente al Estadio Centenario de Montevideo, fue de 35.000 aficionados, con 28.766 entradas vendidas en una tarde gris con amenaza de lluvia y $ 93.528,50 recaudados, según el formulario oficial del partido recogido en "El Día". Se colocaron a la venta entradas numeradas para la Platea Olímpica y el primer sector de la tribuna se similar denominación donde se encuentra la Torre de los Homenajes, así como también para la Platea y Tribuna América. Las populares sin numerar se destinaron a las Tribunas y Taludes (con los aficionados observando el partido de pie sobre un verdadero talud de césped) llamadas Ámsterdam y Colombes, en homenaje a las conquistas de Uruguay en 1924 y 1928.

Por esta razón —la colocación de tickets de ingreso con y sin numerar—, en dos fotografías tomadas antes del partido, donde aparecen los equipos de Peñarol y Jorge Wilstermann posando con todos sus jugadores parados enfrentando a la cámara, detrás se observa la parte lateral del primer tramo de la Tribuna Olímpica sin público, en tanto el segundo sector aparece colmado de espectadores. Las primeras ubicaciones eran más caras por ser numeradas.

La excelente asistencia tenía varias explicaciones. Una de ellas camina por la decisión de Peñarol de aprovechar el día martes, feriado por la fiesta patria del desembarco de los Treinta y Tres Orientales, para iniciar el torneo. La otra, sin duda alguna, puede encontrarse en la pasión que desde siempre los aficionados al fútbol uruguayo han puesto para apoyar los nuevos experimentos que en materia deportiva se han puesto en práctica. Más allá de la decisión contraria de los dirigentes orientales negando su voto para aprobar la disputa del Campeonato de Clubes Campeones de América, estaba el olfato popular —en este caso de los hinchas de Peñarol—, por contribuir con su presencia en las tribunas a la nueva competencia. Tampoco puede dejar sin mencionarse, que el grado de competencia entre las parcialidades de los dos clubes "grandes" de Uruguay, Nacional y Peñarol, estaba en su punto culminante luego de la polémica final del domingo 20 de marzo de 1960, que además del título de Campeón Uruguayo definió la clasificación del representante oriental para el torneo que comenzaba a disputarse...

En cambio, todo lo contrario ocurrió en Buenos Aires. Un público escaso acudió en la tarde del miércoles 20 de abril de 1960 a la cancha de Huracán en el barrio Parque de los Patricios, para observar el partido entre San Lorenzo y Bahía, los Campeones de Argentina y Brasil. El inapropiado horario dado que se trataba de un día hábil, tiene que haber contribuido a registrar esa baja asistencia. Ganaron los azulgranas ante muy escaso público, situación que no cambiará y, por el contrario se repetirá cuando el club de Boedo dispute la semifinal frente a Peñarol. Pero ésta ya es otra historia...

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