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#PARALEER

Nicolás Rolón, el argentino que deslumbra a Ronaldinho en India

El futsal lo llevó a cumplir los sueños de cualquier mortal: juega en el club de sus amores, en la Selección Argentina y le sirve goles en bandeja a Ronaldinho. Nicolás Rolón: el joven que todos quisiéramos ser.

Hay personas que no pueden entender cómo para muchas otras el fútbol puede llegar a ser algo tan maravilloso. La frase “son 22 boludos corriendo atrás de una pelota” saldrá siempre de la boca de los sin pasión que no saben que esa pelota salta al ritmo de los latidos de millones de almas. Es mucho más que un cuero cosido. El fútbol es un deporte, un juego, un negocio y un trabajo, pero también es mucho más que eso. Es un estilo de vida. Es una filosofía que adoptan quienes sienten un escozor en el cuerpo cada vez que entran en contacto con una pelota o se les eriza la piel cuando ven a su ídolo meter un golazo por la tele.

La historia de Nicolás Rolón tiene que ver con todo lo anterior. Un pibe de barrio que creció con la pelota en los pies y los cachetes colorados de tanto correr atrás de la redonda. Un chico que recuerda a su madre a cada paso mientras vive algo que quizá ni se había dado el lujo de soñar. Hoy, bien despierto y en un país tan atípico para el fútbol como la India, tira paredes con Ronaldinho, marca de cerca a Crespo y Michel Salgado y no se pierde la oportunidad de sacarse una foto con Ryan Giggs. Ni en su sueño más disparatado se juntaron tantos condimentos del mundo futbolero.

Durante la última década, el futsal creció exponencialmente en los barrios de Buenos Aires, donde el espacio para las canchas de fútbol 11 no abundan y los que brillaban en el “baby fútbol” se habían quedado sin un lugar en donde poder seguir poniendo la pelota debajo de la suela. Desde chico, en el Club Pinocho de Villa Urquiza, Nico Rolón alimentó su hambre de fútbol. Tan chico era que en el club no existía el equipo de la categoría ’95 y por eso tuvo que empezar con chicos que eran un año mayores que él. El mayor parecía él. Al año siguiente se inauguró la categoría de los niños de su edad: él jugaba en ambas. No importaba si alrededor tenía compañeros y rivales nacidos en 1994 o 1995, las miradas de los padres, atónitos, se iban con Rolón.

Tuvo una experiencia en fútbol de campo, en las divisiones inferiores de Platense. Convenció al entrenador de su categoría con una prueba y empezó a jugar, pero su mamá no estaba del todo convencida y prefirió que siguiera despuntando el vicio en el baby fútbol. El entrenador de Platense lo quería sí o sí y hasta llegó a llamar a la casa de la familia Rolón para convencer a los padres de que Nicolás tenía que seguir yendo porque tenía condiciones. No hacía falta que las demostrara en el césped; tenía toda una carrera por delante en el cemento.

A los 16 años dejó el futsal de Pinocho y pasó a River –club del que es hincha- y dos años después debutó en Primera División con el equipo Millonario en 2014. En estos tres años vivió las experiencias más hermosas que un amante del fútbol puede soñar: ganó la Copa Argentina con el Millonario, jugó un Sudamericano con la Selección Sub-20, varios amistosos y fue convocado para entrenar con la mayor.

Precisamente en ese momento sufrió el peor revés para un futbolista: en 2016 una lesión lo privó de vivir esa experiencia y el corazón le dio un vuelco cuando el diagnóstico médico requería una operación de meniscos. El tiempo de rehabilitación se hizo largo y el regreso parecía lejano, hasta que el día llegó y aquel dolor quedó en el pasado.

De vuelta en contacto con su amiga inseparable, le tocaría sufrir de verdad. La vida en ocasiones golpea fuerte y abre los ojos. Hay cosas peores, mucho peores que una lesión dura, una final perdida o un simple partido malo. Su mamá pasaría a ser el festejo que le sale del alma cada vez que la pelota viaja de su pie a la red. Solamente los mejores guerreros salen airosos de las peores batallas y Nico afrontó su partido más difícil con hidalguía y se convirtió en hombre por los golpes de la vida.

El fútbol fue capaz de volver a arrancarle una sonrisa y de llenarlo de ilusión cuando le llegó la invitación para jugar en la Premier League de futsal que se lleva a cabo anualmente en India. Este torneo tan particular tiene a leyendas del fútbol como Ronaldinho, Paul Scholes, Ryan Giggs, Hernán Crespo, Michel Salgado, Deco y Falcão, el astro del fútbol de salón, entre otros. Se embarcó hacia la India sin saber con qué estrella le tocaría jugar hasta que ya en destino se lo comunicaron. Aquel chico de barrio criado en los pasillos de Pinocho y perfeccionado en River iba a tildar otro casillero en la lista de los sueños de cualquier mortal: jugar con Ronaldinho.

Bastaron unos encuentros de cara al arco rival para que el brasileño se diera cuenta quién iba ser su mejor socio en los Delhi Dragons. Algunas asistencias para que Ronaldinho se luciera enaltecieron la figura de Rolón y su punto máximo de protagonismo llegó sobre el final del segundo encuentro. Posicionado de arquero-jugador por un resultado adverso, Rolón recibió y metió un derechazo al ángulo que dejó a Ronaldinho con los ojos más abiertos que nunca. El empate sobre la hora provocó aplausos del crack brasileño.

En el medio de la locura, de los cientos de indios fanatizados gritando en un estadio imponente y con Ronaldinho abrazándolo por haber salvado el partido hubo unos segundos para mirar al cielo y contactarse con mamá y darse cuenta que si bien nunca mucho cuesta poco, los sueños se cumplen.

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Los puntos de vista y opiniones expresadas en este post son solamente las del autor y no representan necesariamente las de Pasión Fútbol.

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