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#PARALEER

Paulinho, de retirarse por el racismo a tirar paredes con Messi

El volante del Barcelona tiene una historia se sacrificio y lucha que lo llevó a Lituania, donde era discriminado y casi abandona todo.

La tristeza

Salía a la calle y terminaba tomándose a golpes de puños en las esquinas. Con tal sólo 17 años, caminar por las calles de Vilna, en Lituania, era una experiencia mucho más difícil que hacerlo en el barrio de Vila Maria, distrito norteño y obrero de São Paulo, donde las necesidades económicas eran más grandes, pero no se sentía ajeno. Paulinho comenzaba el trayecto y era mirado con desprecio por la gente por ser uno de los únicos negros de la ciudad. Cuando la discriminación tomaba forma en pleno día, el volante debía pelear.

"Estás lejos de tu país, de la familia y encima, cuando sales a pasear en la calle hay personas que se ponen a imitar monos, tropezando contra ti para buscar pelea, y piensas: no necesito pasar por estas cosas", dijo Paulinho muchos años después. En ese momento, siendo jugador del FC Vilnius y con apenas una experiencia en el Audax Sao del ascenso de su país, nada parecía poder ser peor.

Paulinho se fue a jugar al Lodz, de la tercera división de Polonia, del mismo dueño que su anterior institución. La discriminación sufrida en el Lituania siguió y su actualidad futbolística se fue a pique. Deprimido, pasó de convertir 5 goles en 38 partidos en el Vilnius a ni jugar. Iba al banco y no veía salida. Fue allí que, en el peor momento de su vida, Paulinho tomó una decisión.

"No juego más. No lo aguanto más. Esto no es para mí", le dijo Paulinho a su esposa luego de un viaje de vuelta a Brasil. Entonces Bárbara, su mujer, le soltó: “¿Cómo vas a mantener a tu familia?”. El centrocampista reflexionó más tarde: “En 2008 ya no aguantaba jugar a fútbol. Si no fuera por mi esposa… Así que empecé desde cero porque no tenía adónde ir, no sabía trabajar, no sabía hacer otra cosa que jugar al fútbol”. Y tardó poco en aceptar una nueva oferta del Audax, de la Cuarta División del campeonato paulista. Su vida empezaba a cambiar.

La alegría

Paulinho comenzó una carrera imparable desde aquel retiro trunco, cuando tenía apenas 20 años. Con el Audax de Osasco, de la cuarta división del campeonato regional de Sao Paulo, logró dos ascensos seguidos. La historia del volante empezó a cambiar cuando el entrenador del Bragantino (de la segunda división brasileña) Marcelo Veiga, fue a ver un Audax-Penapolense de la Serie A-3 paulista para observar a un delantero, pero acabó encantado con Paulinho y se lo llevó al club de Bragança Paulista, en 2009, para disputar la Serie B nacional.

El salto final lo dio en 2010, cuando llamó la atención del poderosísimo Corinthians, uno de los clubes más populares de Brasil, con unos 30 millones de hinchas. El Timao, un pretigioso multicampeón tierras adentro, tenía una cuenta pendiente: en sus más de 100 años de historia no había ganado nunca la Copa Libertadores.

Paulinho formó un mediocampo de ensueño junto a Ralf y, de la mano del entrenador Tité, fue campeón local. Luego, se encaramó al continente y venció al mismísimo Boca de Juan Román Riquelme, en una memorable final de Copa Libertadores que lo coronó en el estadio Pacaembú. El volante que jugaba en la cuarta regional iba a despertar el interés de los grandes clubes de Europa.

El final es conocido. Paulinho fichó por el Tottenham, aunque su paso fue tortuoso. “Me afectaron los cambios de técnicos y al final jugué poco y casi nunca en mi posición”, se lamentó luego Paulinho, que aceptó la oferta desde China, del Guangzhou Evergrande, con un salario de siete millones de euros y la chance de hacer una gran diferencia. Aunque su carrera se vislumbraba en declive, llegó Tité a la selección de Brasil y el volante se convirtió en eje de la resurrección de la Canarinha. Desde allí, Paulinho volvió al gran fútbol del Corinthians y fue fichado por el Barcelona.

“Lionel es un jugador que siempre hace cosas diferentes. Me enfrenté en partidos de selecciones, pero ahora tengo el enorme placer de jugar a su lado. Es increíble. Messi me ayudó mucho a adaptarme en el equipo. Pude jugar con Neymar en la selección y ahora lo hago con Messi aquí. Me gusta correr para él y que luego decida. Ahora ya no tengo que hablar del mejor del mundo, ahora juego con él”.

De pelearse en las calles de Lituania en el 2006 a correr para el mejor del mundo una década después. Paulinho sabe que para sus piernas no hay imposibles. Y más de uno de esos que lo discriminaban en la calle hoy debe añorar tener una camiseta suya. El poder del fútbol, se sabe, derriba hasta las concepciones más estúpidas de todas.

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Los puntos de vista y opiniones expresadas en este post son solamente las del autor y no representan necesariamente las de Pasión Fútbol.

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