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OPINIÓN

Rendimientos flacos, poca crítica, miedo: los males que afectan a la Selección Argentina

Si bien las lágrimas ya secaron, a diez días de la final de la Copa América los lamentos no se han aplacado en la Argentina. El dolor persiste porque la Albiceleste no logra una corona desde hace 22 años y porque se están acabando las posibilidades de aprovechar un regalo celestial: el talento de Lionel Messi.

El genio nacido en Rosario cumplió 28 años el mes pasado y puede ocurrir que este que finaliza en 2018 sea su último ciclo mundialista, al menos en un nivel superlativo de rendimiento. Y sería un gran pecado que la Pulga un día se retire de su selección sin ninguna conquista, casi impensado diez años atrás, cuando inició su carrera albiceleste. Aquí, un análisis sobre tres problemas que aquejan a la Albiceleste.


¿Las convocatorias siguen siendo por mérito?

Gerardo Martino entendió que el equipo base que llegó a la final del Mundial 2014, culminando el proceso de Alejandro Sabella como seleccionador, debía ser preservado al máximo, sin hacer un recambio necesario. De los 23 que fueron al Mundial, 13 repitieron en la Copa América (9 de los 11  titulares). Martino no advirtió o no consideró que para varios de esos futbolistas se había cumplido un ciclo. Y que además la Selección, como todo equipo, debería regirse por meritocracia en tiempo presente, no por trayectoria, hábito o corrección política.

Por ello, en la nómina de la Copa América, son difíciles de entender ciertas presencias, unas por su presente insustancial (Pastore) o malo (Di María -este además venía de un flojísimo Mundial-); otras porque en los grandes desafíos no estuvieron a la altura (Agüero, Higuaín) y otras porque simplemente no dan la talla para jugar en el equipo nacional, como Lavezzi, Gago o Andújar. No convocarlos más a la Selección no debería ser traumático. Ya tuvieron sus oportunidades, y no han rendido como para quedarse.

Lo llamativo de tales convocatorias es que nadie en su momento las cuestionó -sin considerar lo hecho después, en la Copa América, donde estos jugadores volvieron a defeccionar-. Como si existiese una “clase noble” en el equipo nacional, de hombres con mucho cartel y escuálido rendimiento que ocupan plaza, mientras Luciano Vietto, Mauro Icardi, Guido Carrillo y Paulo Dybala, entre otros, hicieron méritos y tuvieron que mirar el torneo por TV.

Al final de la Copa América, Martino dejó un mensaje poco alentador sobre el futuro: “Voy a seguir contando con estos 23 jugadores”. Ojalá no sea del todo así porque hay que hacer una renovación importante.


La prensa deportiva, entre el amiguismo y el show

En la Copa América, lo único que se reprobó de Martino en los medios han sido los desacertados cambios ante Paraguay, en el primer partido, y también en la final ante Chile (Lavezzi por Di María e Higuaín por Agüero, y que no haya ingresado Tévez), lo cual es correcto. También se dijo, inevitablemente, que contra la Roja de Sampaoli Argentina jugó mal. Exceptuando eso, la prensa trató de respetar siempre al DT, ya que no se puede lograr un funcionamiento colectivo con tan pocos días de trabajo ( Argentina fue un equipo anodino, que sólo jugó bien dos de sus seis partidos, contra Colombia y Paraguay). Eso es muy cierto, pero lo que no se debe esquivar es el debate sobre los rendimientos: Di María arruina todos los avances del equipo, pero nadie dice una palabra. Pastore juega en cámara lenta: nada. Agüero nunca rinde en los partidos importantes: silencio.

Existe un problema con parte de los periodistas argentinos, especialmente los de televisión: como hay una incontable cantidad de horas de TV que llenar cada día, tratan de montar un show humorístico, hacer payasadas, realizan entrevistas superficiales... Todo por unas décimas de rating. Y además se hacen amigotes de los futbolistas. Después no pueden criticarlos. Esto distorsiona el mensaje al público, que consume lo que le dicen sin demasiado análisis.


El miedo escénico en los partidos importantes

Desde el Mundial de Italia '90 al de Sudáfrica 2010 (incluido), la Selección Argentina solo había ganado, sin acudir a los penales, dos partidos sobre 11 en instancias decisivas de la Copa del Mundo, ambos contra México: un ultrasufrido 2-1 en 2006 y un engañoso 3-1 en 2010. En 2014 la estadística algo mejoró, pero tampoco fue deslumbrante: 1-0 a Suiza -ahí sí jugó bien- y otro 1-0 a Bélgica, pidiendo la hora. Nunca un partido convincente del todo, venciendo con autoridad. 

A estos antecedentes en la Copa del Mundo hay que agregarle las seis finales perdidas desde el último título: en 1995 contra Dinamarca en la Copa Rey Fahd; en 2004 y 2007 contra Brasil en la Copa América; en 2005 también contra Brasil, por la Copa Confederaciones; en 2014 ante Alemania en el Mundial y en 2015 contra Chile en la reciente Copa América. De todas estas finales, las únicas dos que jugó bien fueron la de 2004 y la de 2014, pero siempre algo falla. 

¿Por qué Argentina no puede jugar bien y ganar un partido importante? Hay veces en las que falta suerte, es verdad, pero en la mayoría de los casos se juega con miedo. Miedo a perder, que es lo que condiciona todo en el fútbol argentino. Por eso no hay valentía ni rebeldía en las grandes citas. Los jugadores están siempre muy cargados, tensos, y fallan. Es un tema incómodo, que a nadie le gusta reconocer, pero hay que afrontarlo. Solo de esa manera se podrá solucionar. Perder no es malo, lo verdaderamente deshonroso es sentir temor vistiendo la camiseta argentina. Vaya ahí otra crítica a Martino: su equipo mostró un miedo escénico muy evidente en la final de la Copa América. Es responsabilidad del DT preparar mentalmente a sus dirigidos.


La Copa América suponía la oportunidad perfecta para ir levantando los cimientos de un nuevo equipo, que será el que deba conseguir un pasaje a Rusia 2018 (primero) y luego pelear por el título en la tierra de los zares. Era el momento para introducir la nueva sangre en la selección, ya que esta base de futbolistas de 28 y 30 años, además, no va a llegar al próximo Mundial. La Eliminatoria será larga y, por lo visto en Chile, muy peleada. En esas batallas tendrán que estar los mejores.

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Los puntos de vista y opiniones expresadas en este post son solamente las del autor y no representan necesariamente las de Pasión Fútbol.

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