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LA COLUMNA DE JUAN MANUEL DEL VALLE

Se acabó el cuento, tío Hoyos

"En Vila Belmiro la verdad esta en el campo". Esta sentencia fue escrita por hinchas de Santos en una bandera blanca, en perfecto idioma español, en alusión a los incidentes por los cuales su astro, Neymar, había sido víctima en el partido de ida, en La Paz. Cuánto conocimiento de la lengua de Cervantes, por parte de esos aficionados que hasta hacen el amor, en el idioma de Camões.

Sin dudas, la verdad estuvo en el campo. Verdad incontrovertible por el resultado (8-0 a favor de los santistas). Verdad muy dolorosa. Cada gol de los albinegros fue como una palada que sepultaba, lentamente, los sueños de un Bolívar, que se presentaba al partido de vuelta con la ventaja de un gol. Ventaja emparejada por Elano a los 5 minutos del partido. Una esperanza de duró cinco minutos, nada más. Era el comienzo de un festival de figuras como Neymar -que hizo un pase con la espalda- haciéndose la burla de Frontini con una pelota el los pies. Festival de Elano, festival de Ganso y de los restantes futbolistas del actual campeón de la Copa Libertadores.

En un entrenamiento con público, los bolivaristas quedaron expuestos al ridículo. No se puede jugar de visitante ante un rival brasileño si no se neutraliza la subida de los laterales. Henrique y Juan se dieron el gusto de proyectarse al mismo tiempo. Tampoco se puede jugar sin tomar marcas. Y si el rival cuenta con dos zagueros interiores deficientes, hay que atacarlos, pero con sorpresa. Rafael no conoció la cara de los delanteros académicos. "Nosotros perdimos decorosamente (0-2), pues..." ironizan los simpatizantes de su rival, The Strongest.

Queda una lección para nuestros equipos: una cosa es jugar a la pelota y otra es jugar al fútbol. Y para jugar como el Barcelona del rosarino Messi se necesitan jugadores de un nivel que todavía no tenemos en Bolivia. Esto lo sabía Ángel Guillermo Hoyos, consciente de que esa idea de juego en Bolivia es inaplicable. Vendió un verso que ahorita se acabó por falta de papel.

Con la eliminación celeste culminó un ciclo que se había cumplido en el primer partido de la Libertadores, frente a Unión Española. Ciclo prolongado por buenos resultados ante Junior, Universidad Católica y Santos en el Siles. Buenos resultados, punto y aparte.

Nadie puede engañarse: Hoyos no revolucionó nada. No aportó nada novedoso. Mostrando manías de europeo, cuando es tan cordobés como la "Mona" Jiménez, regresó a Bolivia simplemente para trabajar y ganarse unos dólares. Tiene derecho a trabajar; pero no tiene derecho a mentirnos. El 0-8 fue el último capítulo del cuento del tío Hoyos.

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Los puntos de vista y opiniones expresadas en este post son solamente las del autor y no representan necesariamente las de Pasión Fútbol.

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