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Se celebran 12 años del Día de la Paternidad Bostera

El 24 de mayo de 2000 se jugó uno de los clásicos más recordados de la historia. Era por los Cuartos de Final de la Copa Libertadores de América, el partido revancha: siete día antes, en la ida había ganado River 2-1. Curiosamente, ya habían jugado en cancha de Boca 10 días antes y empataron 1-1 por el Torneo Clausura.

En La Bombonera y ante una multitud, Boca estaba obligado a ganar por más de un gol, para no ir a los penales: un empate clasificaba a River. Como si fuera poco, había un condimento extra: el regreso a las canchas de Martín Palermo, que llevaba 6 meses sin jugar gracias a una rotura de ligamentos cruzados.

Carlos Bianchi dispuso que el goleador fuera al banco: si Boca estaba complicado, el ingreso de Palermo haría inclinar la balanza. Del otro lado, el técnico Américo Gallego quería quitar dramatismo e intentó hacer un chiste. En rueda de prensa afirmó: "Si Boca pone a Palermo en el banco, yo lo pongo al Enzo", en referencia a Francescoli, que ya se había retirado del fútbol.


Lo que pasó aquella noche fue muy especial, copiado de cualquier cinta de Hollywood. El primer tiempo pasó sin mayores incidencias; y todo se lo reservaron para la segunda etapa. Boca no encontraba la manera de quebrar el cero, hasta que una pelota cruzada de Juan Román Riquelme dejó solo a Marcelo Delgado frente al arquero Bonanno, y el "Chelo" solo tuvo que empujarla. Transcurrían los 15 minutos del segundo tiempo y el partido se iba a los penales.

Cuando el reloj marcó los 32 minutos se produjo el momento esperado. Bianchi mete a Palermo y el estadio se viene abajo y estamos seguros que algunos hinchas de River no quisieron ni mirar. Su entrada hace que Boca tenga cuatro córners seguidos, sin que la defensa millonaria pueda tranquilizarse.

En un desborde de un juvenil Battaglia le hacen una falta dentro del área y Ángel Sánchez no duda en pitar penal. ¿Lo iba a cobrar Palermo?, no...lo cobró Riquelme y con ese gol puso la serie 3-2. La Bombonera era una fiesta, River intentó pero no fue claro y los locales estaban confiados.

Ya el partido entraba a su fin, Boca le daba tránsito a la pelota hasta que en el área de Bonano le cayó la pelota a Martín Palermo, el goleador se tomó su tiempo, definió con clase y anotó un gol que dejo sin voz a la mitad más uno de los argentinos. La serie quedó 4-2 y los dirigidos por Bianchi se metieron a la Semifinal.

Un año después, un grupo de fanáticos decidió bautizar aquella noche como "el Día de la Paternidad Bostera"; de ahí en adelante todos los 24 de mayo los hinchas Azul y Oro tienen la obligación de levantar las copas y brindar.

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Los puntos de vista y opiniones expresadas en este post son solamente las del autor y no representan necesariamente las de Pasión Fútbol.

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